Últimamente he pensado mucho en el mar. En aquella travesía que A. me contó, el viaje desde California hasta Japón en velero. El terror de las noches. La histérica pareja japonesa. Los días sin que le dirigieran la palabra. Los pequeños accidentes. La sal secándose en la piel.

Viajar por mar es tan diferente a tomar un avión. Lo segundo parece más un trámite burocrático. Los aviones son manicomios con alas. Su encierro insoportable. Los aeropuertos me enferman. El mar, en cambio, es para los verdaderos aventureros. El mar siempre deja su marca en uno.

Ciertos días todavía me parece estar cerca del mar. Especialmente en las mañanas de otoño, con la niebla elevándose lentamente del asfalto. Hoy y por algunos segundos me ha parecido estar de nuevo en la bahía frente a la isla. Llevo más de la mitad de mi vida viviendo lejos de la costa, pero el mar es una presencia permanente en mí.

El próximo año haré un viaje por mar.

03:38 | 1 comentario

Comentarios

  1. Gracias por las palabras de tu comentario. Y por enlazar. También he puesto un enlace a esta página en mi blog.

    Saludos

    Iván Pérez Caro on