Otros náufragos
No crean que estoy sólo, que soy el único náufrago. En esta isla he visto otros que, como yo, han fracasado. Todos deambulan como almas en pena, con los ojos perdidos. El miedo les encoje el corazón. Y yo no quiero ser uno de ellos. Por eso, en mi mente elaboro miles de ideas, exploro las rutas del escape, entreno mis pulmones, aprieto cada músculo de mi cuerpo.
El mar me espera, en aparente calma, pero sé que sus olas son asesinas y su sino salvaje. Sé, sobre todo, que no hay compasión en toda su anchura, en su infinita profundidad.
Pero tengo todavía el coraje suficiente para soñar con el escape. O tal vez mi miedo a quedarme en la isla, con los otros náufragos, sea mayor que el terror que el mar me provoca.
Por hoy, esta playa me refugia. Mi ojos son dos fortalezas.
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