- Fin de semana soleado, la última ola de calor de un verano más largo de lo que anticipamos. Ella sufre los estragos del segundo bebé mientras yo me muevo un poco intranquilo por la casa. Pienso en David Foster Wallace y, sin haber leído nada de él, sin saber quién era hasta hace un par de días, me entristezco. El tipo pasó muchos de sus días en regiones cercanas a donde vivo. ¿Cuántas cosas y caras habremos visto, cuántas calles recorrido en común? Sobre todo, ¿por qué me parece tan terrible el hecho de que alguien se suicide, yo que, en muchas ocasiones, he encontrado, o he creído encontrar la evidencia de que la vida es algo absurdo, sin remedio posible?
- Releo Lolita, pero es como si la leyera por primera vez. No la leí antes, estoy seguro, ¿cómo se me pudo escapar la tremenda broma de Nabokov? Este ruso era comedia pura, de la mejor. Un libro que se ríe en muchos distintos niveles. En uno de ellos, río yo también.
- El chico y yo salimos en bicicleta. Rodeamos el barrio con nuestro pedaleo frenético. Caminamos descalzos por un arroyo artifical y, finalmente , llegamos a un parque donde se juega fútbol como si el verano no se fuera a terminar nunca. Visiones que –estoy seguro– atormentarían a Humbert Humbert se pasean descalzas por mis pupilas. No, HH no sobreviviría esto. Yo a duras penas prevalezco. Al regreso una ducha fría y ver The Bad Liutenant(El teniente corrupto) de Abel Ferrara. Me duermo en la parte en que Harvey Keitel habla con Cristo, media botella de vino color sangre a mi lado.
- Jodidos suburbios con sus jodidos días exactamente idénticos, nos hemos prometido dejarlos –como siempre– el próximo año.
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