Si to conozco no me acuerdo

Es sorprendente como, a pesar de que el mundo no ceja en el empeño de destruirnos y envilecernos, la imagen del resto, de algunos de los que forman el resto, puede, en algunas ocasiones, llegar a consolarnos. Mientras el tiempo nos reduce y nos encoje, hasta que casi no podemos encontrar en nosotros mismos la sombra de aquello menos despreciable que alguna vez fuimos, y tratamos de resistir el embate del hastío contando los pocos momentos de libertad que logramos arrancarle al paso de los días, otros se entregan a la maquinaria de la estupidez, se abandonan a los engranajes de la miseria humana a cambio de qué se yo, ¿un par de monedas? ¿el cumplimiento de algún sueño de una pobre infancia?

Que quede claro: todos tenemos que darle algo a la máquina, cambiar algo por algo tratando de que el saldo no sea demasiado vergonzoso. Eso es una cosa; entregarse a las tareas más miserables, abrazar hoy aquello contra lo que ayer juramos, prostituirnos e hijueputizarnos hasta la médula, es otra muy distinta.

Todo esto me recuerda aquel pasaje de Viaje al final de la noche de Céline donde Bardamú se despide de Molly, reflexiona sobre el tiempo que los separa, se dirige a ella en la distancia y finalmente dice:

Para dejarla, necesité, desde luego, mucha locura y un carácter chungo y frío. Aun así, he defendido mi alma hasta ahora y Molly me regaló tanto cariño y ensueño en aquellos meses de América, que, si viniera mañana la muerte a buscarme, nunca llegaría a estar, estoy seguro, tan frío, ruin y grosero como los otros.

Es lo que digo: defender el alma. Supongo que a algunos todavía nos da algo de tranquilidad pensar que lo hemos intentado durante una jornada. Otros seguirán rifando la suya hasta en sus sueños.

La misma noche nos cobija todos, de cualquier manera.

Marzo 20, 2009 · Imprecaciones, Manifiestos, Notas · (Comentar) · Temas:

Declaración de principios

Hablemos del final, aunque sea un poco prematuro. Concibámoslo, aunque las bases del edificio no puedan ser más precarias. Aventuremos, porque lo que está aquí ahora podría no estar mañana, desaparecer como todo lo demás. Que hablar de finales sea el principio. Que la ilusión del futuro, de una aparente conclusión, nos dé un poco de aliento.

Al final, habremos proyectado cierta ilusión de temporalidad, que en verdad, todo sabemos, no existe. Los días son idénticos desde siempre, no hay diferencia, el día es un sólo día: el mismo día, desde que puedo decir y por los siglos de los siglos, etc. Los hombres han ido y venido, y se pudren eternamente en el mismo día. Algunos esperan la noche, los afortunados la conocen.

Cuando terminemos, habremos trazado el paso de una conciencia por el río de la vida. Un paso que no dejará otra huella que su propio registro, el que también será borrado sin compasión por la máquina que hace días, la que está más allá de la compasión o la saña, ilusiones de los que creen tener conciencias.

Al concluir, habremos forjado esta terminante ilusión: la ilusión de que aquí hubo alguien anotando particularidades y registrando emociones en días que quisieron ser diferentes; o de alguien, cualquiera, un iluso, que quiso marcar los días que le fueron asignados, diferenciándolos de alguna forma.

Al final, nada más que esto, luego de que la ilusión se derrumbe por su peso, sólo lo siguiente: la eterna lucha con las palabras. Por conocer y poseer las que codiciamos (¿envidiamos?), por desterrar a las otras, las detestables, las machacadoras de ilusiones, las que lo hacen todo idéntico, las malditas, las que lo pudren todo.

Al final, nada más que esto, advierto. Tal vez habrá que particularizar ilusiones, si han de sobrevivir, pero aquello ya no nos toca. Al final pensaremos una vez más en el principio y quizá, ojalá, lo haremos todo de nuevo.

Por ahora, que esto sea el inicio, un comienzo posible, entre muchos otros.

Julio 23, 2008 · Manifiestos · 2 comentarios ·

A modo de presentación

¿Para qué documentar los hechos de una vida común? En vez de enumerar los actos de un hombre, mejor tratar de registrar las ocupaciones de su conciencia, con la esperanza de que éstas sean en alguna medida menos vulgares que sus acciones.

Dibujamos la geografía de esa conciencia, medimos sus altas y bajas, nos zambullimos en sus profundidades, en los mares de dudas, grabamos las dolorosas derrotas, la general torpeza con las palabras, los raros aciertos. Trazamos las líneas tentativas de una vida interior que intenta ser menos despreciable que otras.

Sin embargo, de vez en cuando dejamos deslizar uno que otro de los hechos que, de alguna manera, conciernen a esa conciencia.

Hecho: nací en un país y hoy vivo en otro, exactamente igual pero muchas veces totalmente distinto.

Hecho: tuve una niñez mucho más alegre que otras. De lo cual me costó muchos años y encuentros con seres verdaderamente infelices darme cuenta.

Hecho: a pesar de que de niño no era demasiado atlético, alguna vez jugué fútbol. Zaguero lateral, pegador, infranqueable. Rara vez recibí una amonestación.

Hecho: fui a la escuela y fui la universidad, en cuyos oscuros pasillos aprendí a mantenerme alejado de la escuela y la universidad.

Hecho: hay una mujer, hay un niño y los tres llevamos una vida que cualquier otra familia de tres podría llevar.

Hecho: soy un buen amigo de mis amigos y, aunque no me consta, es posible que alguien siga perdiendo el sueño, creyéndose mi enemigo.

Hecho: este registro, este blog, tiene un año, un día más, un día menos. Alguna vez traté de escribir con optimismo, pero descubrí que la escritura demanda siempre un mínimo compromiso de honestidad. Ahora solamente conservo aquello que me parece cierto, sin importar si lo encuentro a la luz o a la sombra: una verdad como tantas otras, igual de valiosa o inútil. Un proyecto sin norte, un registro mínimo, una pequeña indagación.

Julio 22, 2008 · Manifiestos · (Comentar) ·

Not to do list. Manifiesto de un hombre honrado

J. elabora, con el entusiasmo del hombre bueno y soltero, una lista de cosas que quisiera hacer antes de cumplir los cuarenta. J. tiene 35 y se me ocurre decirle que la lista debía haberla hecho hace algunos años, pero me callo y leo. La lista incluye cosas como subir a la torre Eiffel, orinarse en las pirámides de Egipto, ser padre, aprender zwahili etc. Pienso que a mí solamente se me ocurre una lista de cosas que no me gustaría hacer. Lo que me convierte en pesimista, me imagino. Luego de revisar su lista y aprobarla con un movimiento de la cabeza, redacto la mía: las cosas que no quiero hacer o volver a hacer mientras mi cuerpo me obedezca o la memoria se me termine de borrar. Aquí va, en ningún orden particular:

  1. Colgar una bandera, de cualquier país, sobre la puerta de entrada a mi casa en días festivos y no festivos.
  2. Pasarme el fin de semana envuelto en un grasoso mameluco, limpiando y puliendo el auto, para el domingo por la tarde felicitarme y sentirme buen tipo.
  3. Pasarme el fin de semana en casa, viendo los deportes, preocupado por los resultados de mi equipo, tragando litros y litros de cerveza ( y eructando como un sapo, me supongo).
  4. Tomarme en serio las putas tarjetitas de Navidad, el día del padre, del abuelo, del sobrino y del nieto. No sentir otra cosa que obligación culpable al comprarlas y enviarlas.
  5. Hablar como loro por teléfono celular; comprarme uno de aquellos aparatos que se cuelgan de la oreja y que te hacen parecer un demente o un idiota hablando solo.
  6. Obedecer todas las instrucciones y recomendaciones que encuentre a mi paso. Darle a mi hijo, por ejemplo, solamente juguetes recomendados para su edad, ni un día más, ni un día menos; desechar el resto, por precaución.
  7. Mencionar que conozco a alguien famoso, aunque sea remotamente. Tengo un primo que conoce a un amigo que se tropezó con El Puma en un aeropuerto. Tomarme una foto con alguien famoso y colgarla en una pared de la sala de mi casa.
  8. Usar una camisa polo con el cuello sin doblar, hacia arriba.
  9. Usar una gorra con el nombre de un equipo de béisbol o fútbol americano y ladearla cuidadosamente, hasta parecer un perfecto imbécil de college.
  10. Bailar salsa como un profesional sincronizado hasta el hastío, levantando la quijada y ladeando la cabeza con una mueca de seriedad mientras me paso a mi pareja por entre las piernas y la lanzo al aire para atraparla con mi dedo meñique luego de hacerla dar un doble trampolín en el aire.
  11. Dejar que se me vean los calzoncillos, aunque sean de buena marca y estén limpios, por encima del borde de los pantalones.
  12. Enseñarle a mi hijo a ser un ?ganador? y un ?líder?. Repetir mucho esas palabras, por cualquier razón.
  13. Creer que soy un poco menos despreciable que el vecino de al lado solamente porque yo sí sé que Celine Dion es una de las voces/personas más espectacularmente insufribles del Universo.
  14. Creer que las hazañas de los héroes nacionales son otra cosa que convenientes mentiras edulcoradas. Que los símbolos nacionales son otra cosa que fetiche para el mínimo común denominador. Que morir por la patria es cualquier otra cosa que el sueño más noble del imbécil.
  15. Ponerme una camisa que me apriete el pecho y los brazos y tensionar los músculos cuando aparezca una mina. (No tengo nada de músculos, para empezar).
  16. Jugar golf y tomármelo en serio. Jugar cualquier cosa y tomármela en serio.
  17. Ponerle nombre a mi auto. Usar cualquier cosa que no sea una combinación al azar de letras y números para la placa del mismo.
  18. Contar, frente a un grupo de personas, lo mucho que Dios/la Virgen/un producto/la abstinencia ha cambiado mi vida.
  19. Ser totalmente feliz.
  20. Ser totalmente infeliz.

¿Se me queda algo en el tintero?

Miro a J. revisar cuidadosamente su lista. Una sonrisa permanente dibujada en su cara. Leo mi lista antes de borrarla. Otro día en la oficina.

Julio 18, 2008 · Manifiestos · 5 comentarios ·

Empezar desde cero

Hace algunos días, D, que tiene tremenda mala suerte con los ladrones (tanto que le han pillado su colección completa de música), titulaba así una de las entradas de su blog. Hoy yo empiezo este blog desde cero. Lo de antes, ya no me interesa. Está por ahí, todavía, si alguien tiene curiosidad. Pero no vale la pena. Es mejor empezar desde cero. Cortar. He sido demasiado amable, como siempre. He hablado sobre cosas que en realidad no sé o no me interesan. Mejor hablar sobre lo que está más cerca de uno. En este caso, hablaré de mí, creo, para bien o para mal.

Voy a cantar para ustedes, tal vez desentone un poco, pero voy a cantar. Cantaré mientras la palman, bailaré sobre su inmundo cadaver…1, etc.

Hoy empiezo desde cero.

1 H. M.

Julio 17, 2008 · Manifiestos, Notas · (Comentar) ·