Si to conozco no me acuerdo

Habría que escribir un largo elogio del exilio.

Quien se pudre en el mismo lugar donde nació, sigue un camino recto hasta lentamente conseguir su destino glorioso o miserable. Al exiliado se le arranca, a la fuerza o propias ganas, la posibilidad de cumplir ese destino. Se aleja de la línea recta, de las sombras que lo cobijaron. Conoce el exterminio de primera mano, se ha dejado a sí mismo muerto en un tumba que ya no ha de visitar. Cualquier cosa que construya la construirá a partir de esa separación.

Lo mismo que aquel a quien le han extirpado un miembro siente la presencia inconciente de ese miembro, el apátrida siente su propia presencia fantasmal en una tierra que se ha perdido a sus espaldas. El exiliado es un vivo en la tierra que pisa y un fantasma en la que dejó.

Algunos se abrazan o intentan abrazar a lo que dejaron atrás, a las medias y fotos viejas en el fondo de un baúl que se pudre lenta e inevitablemente. Algunos dejan que el cáncer de la melancolía los devore; otros nos abrazamos a nuestro nuevo destino como el náufrago a una balsa. Nos abrazamos a la única libertad que conocemos porque aquel que conoce la libertad por un día, jamás vuelve a ser esclavo.

Ya no tengo ningún país, jamás lo volveré a tener. No le debo fidelidad a las necias ficciones de otros hombres. Nunca seré una estatua de sal. Que la brisa del mar esparza mis cenizas, que mis restos los devore la nada.

Náufragos del mundo, gitanos, desheredados, pioneros, aventureros, mercantes enamorados de tierras lejanas, contrabandistas de piedras brillantes y de sueños, necios que buscan un destino que nunca llega y cuando llega les arranca el corazón, nómadas desilusionados, triste ejército maltrecho, sólo a vuestras filas luminosas y arruinadas pertenezco.

Marzo 6, 2009 · Islas · (Comentar) ·

Parte de naufragio (II)

Mentira lo de los otros sobrevivientes. En esta isla se está solo, es la única posibilidad. Digo esto porque, cuando me acerqué a hablar con otros de los habitantes de la isla, me di cuenta de que eran espejismos. Me di cuenta porque, al tocarlos, desaparecían. Tal vez es mejor no intentar entrar en contacto demasiado cercano con ellos. Será mejor engañar y dejarse engañar por otros espejismos. Solamente hay que tener cuidado de no ser el próximo espejismo que desaparece cuando alguien lo intenta tocar.

Diciembre 10, 2008 · Islas · (Comentar) ·

Otros náufragos

No crean que estoy sólo, que soy el único náufrago. En esta isla he visto otros que, como yo, han fracasado. Todos deambulan como almas en pena, con los ojos perdidos. El miedo les encoje el corazón. Y yo no quiero ser uno de ellos. Por eso, en mi mente elaboro miles de ideas, exploro las rutas del escape, entreno mis pulmones, aprieto cada músculo de mi cuerpo.

El mar me espera, en aparente calma, pero sé que sus olas son asesinas y su sino salvaje. Sé, sobre todo, que no hay compasión en toda su anchura, en su infinita profundidad.

Pero tengo todavía el coraje suficiente para soñar con el escape. O tal vez mi miedo a quedarme en la isla, con los otros náufragos, sea mayor que el terror que el mar me provoca.

Por hoy, esta playa me refugia. Mi ojos son dos fortalezas.

Agosto 13, 2008 · Islas · (Comentar) ·

Parte de naufragio

Luego del naufragio, el sol vuelve a brillar en la isla, desde la cual intentaremos zarpar, una vez más. Recuerdo me aferraba a mi equipaje hasta con los dientes, pero las feroces olas me lo arrancaron mientras me trituraban las costillas (los dientes por suerte todavía los tengo). Hoy, al sentarme solo y adolorido en la misma orilla, me di cuenta de que el equipaje era precisamente lo que me hacía naufragar tantas veces. Y adiós muy buenas. Maldito equipaje de mi pasado: que el mar te cobije en sus entrañas, o lo que sea.

Para mi viaje solamente necesito un cuchillo. Y si no hay cuchillo, con los dientes bastará. No perder los dientes, es todo. Nunca perder los dientes.

Agosto 11, 2008 · Islas · (Comentar) ·