Si to conozco no me acuerdo

La alharaca del Nobel. Hoy, más que nunca, la alharaca de los Nobel. Que está bien. Que no está bien. Que habrá que leer a Müller. Que yo esperaré hasta que las cosas vuelvan a la calma para leer a Müller. Que yo no pienso leer a Muller. Que habrá que revisar nuestras actitudes hacia el Nobel de literatura. Que qué bueno que no se lo dieron a aquél. Que a mí me sorprendió. Que a mí no porque ya me he acostumbrado a las sorpresas de la Academia. Que la decisión de la Academia revela estos o aquellos criterios de parte de la Academia. Que la Academia es ombliguista(Ombliguista, !qué palabreja!). No, que nosostros somos los ombliguistas. Que a mi me alegra. Que a mi me entristece. Que a aquél le molesta. Que la decisión de la Academia nos ha enseñado esto o aquello. No, que la decisión de la Academia no nos ha enseñado absolutamente nada. Que la Academia hizo bien. Que hizo mal. Que hizo más o menos. Que hizo lo mismo que hizo el año pasado. Que el Nobel me lo merezco yo. El Nobel. Todos los años, la alharaca por el Nobel.

Noviembre 8, 2009 · Imprecaciones · (Comentar) · Temas:

Contra las marchas

Yo no voy a marchar contra Chávez. En realidad, no voy a marchar por nada ni contra nadie. Yo no marcho sino que me marcho, me largo, siempre me estoy largando. Me marché de un país en que hay tres marchas cada hora. Sabe Dios cuántas marchas hubo en el país el año pasado, por no hablar de la década pasada. Diríase que para algunos marchar era un trabajo a tiempo completo. Ninguna de estas marchas resolvió nada jamás.

Y luego quienes se benefician de las marchas. Conocí a un tipo que se dedicaba a organizar marchas. Buses repletos de indígenas hambrientos. Al bajar del bus les repartían un cartelito, una bandera. Al subir les regalaban un pan seco, una cola.

En las marchas que los ricos organizan se puede pescar de vez en cuando una hembra reluciente. En cambio, hay que tragarse a los riquillos, que organizan las marchas más ñoñas, más imbéciles. Debería prohibirse organizar marchas a cualquiera que gane más del triple del salario mínimo, pienso yo. Al resto, también.

Recuerdo las marchas de los ricos en Guayaquil, las viejas sudando perfume, una larga fila de marchistas espontáneos mirándoles el culo. Íbamos a la marchas sin saber de qué se trataban, de la misma manera en que algunos van todos los domingos a la iglesia sin enterarse de qué va. ¿A quién le importa lo que diga el cura? ¡Hay hembras!

A eso me recuerdan estas marchas contra Chávez. Tipos que no tienen idea de lo que acontece a una cuadra de su residencia, no se diga en Venezuela. Lo mismo que los oligofrénicos chavistas con sus pañoletas coloradas, ladran, ladran. Los uribistas se visten de blanco y ladran ladran. Hoy marchan contra Chávez y por la democracia pero, ¿dónde estaban cuando lo de Pinochet? Ah, será que entonces todavía no había facebook.

Por todo ello me opongo, en principio, a cualquier tipo de marcha. A menos de que en dicha marcha haya balas, entonces la cuestión es diferente y hay que analizar la seriedad de una marcha de este tipo. Por cierto, ¿cree usted que si se abriera fuego contra una de estas marchas organizadas por facebook, se perdería mucho?

Por todo esto y por carecer de ideales y ganas de convencer a nadie de nada, me opongo a las marchas. Apoyo y hasta aliento, eso sí, el asesinato indiscriminado de miembros de facebook. O, y a falta de ello -que somos pacifistas en el fondo, vamos-, marcharse. ¿A dónde? A cualquier lugar, lejos, bien lejos, un poco más allá, a la mierda, allá.

Marcharse, no marchar. Es lo que propongo.

Septiembre 2, 2009 · Imprecaciones · 2 comentarios ·

Ayer vi un reportaje sobre los elefantes que se usan en los circos. Recordé que fuimos al circo el años pasado. Hay que mirar la tristeza, el desamparo en los ojos de los elefantes y los rostros estúpidos de quienes disfrutan de sus piruetas. Recordé a los jovenzuelos que le lanzaban piedras al gato montés en el zoológico, hace algunos meses. Lugares aberrantes, los zoológicos y los circos. Los zoológicos remedando la naturaleza, haciéndola segura para el estúpido animal humano que no tiene otra cosa que hacer el fin de semana. El circo llega más lejos, en ellos se logra que los bellos animales salvajes se vistan y actúen como el mismo estúpido animal humano que los observa boquiabierto.

Julio 23, 2009 · Imprecaciones · (Comentar) · Temas: ,

Mientras almuerzo leo un reportaje humorístico sobre los más parásitos horrorosos del planeta. Hay un crustáceo que se clava en la lengua de los pargos y se alimenta de su sangre. Con el tiempo el pargo pierde la lengua, pero el malvado crustáceo alarga su estancia, siempre alimentándose de la sangre del pez; actuando como si fuera la lengua perdida del pargo, una terrible simbiosis. Además hay gusanos, avispas, cucarachas zombies y demás. Pero el más impresionante es la larva que penetra la piel de los caracoles para luego brotar por las antenas de su huésped y ser devorados por aves hambrientas, en cuyo cuerpo se reproducen para continuar con su ciclo mortífero de vida. (Por un minuto pensé que estaba leyendo la sección política de los diarios de mi país.)

Claro, el reportaje no hablaba de los parásitos humanos que nuestro país produce a todos los niveles. Conozco una rabiosa especie que acopla su aparato bucal al recto de otro humano, y no lo deja en paz hasta que le ha chupado la última gota de sangre. Se lo conoce como, si la memoria no me falla, lameculus Vulgaris. Lo bueno es que la víctima, o la mayoría de las víctimas, siente un tremendo placer mientras todo esto sucede. Hasta que ya es muy tarde para sacudirse al parásito. Al final, la víctima suele morir de anemia y el parásito se coloca en algún puesto de prestigio. Sucede todos los días.

Esto entre otras muchas especies de parásitos cuya larga enumeración algún día acometeré.

Claro, en el reino de las especies que carecen de un lenguaje para comunicarse, a la maldad no se la llama maldad y el terrible oportunismo del parásito no tiene nombre, literalmente. Es diferente cuando hablamos de parásitos humanos, como es el caso del segundo párrafo. En esta instancia estamos obligados a horrorizarnos de la maldad del chupasangre, a encontrar una forma de solucionar su conducta nociva, a castigarlo de alguna manera.

Pero algo me dice que los parásitos humanos comparten, con sus iguales de la naturaleza, la falta de conciencia sobre lo nocivo de sus actos. Es posible que todos carezcan de la capacidad de formular juicios de valor sobre su maldad. A lo mejor todo sea un problema de vocabulario. O qué se yo.

En cuyo caso me inclino por pensar que la única solución para la conducta parasitaria, tanto en el reino animal como en su extensión, el humano, es la destrucción del parásito. Por supuesto, como no somos personas que se inclinen por la violencia, tal vez lo único que nos quede sea aceptar la maldad humana como un hecho más de la naturaleza. Debemos, después de todo, pensar que la conducta parasitaria es quizá la única posibilidad de sobrevivencia para ciertas especies.

En cualquier caso, les recomiendo vacunarse contra todo tipo de parásitos y curarse en salud.

Pienso en los abismos, en el fuego eterno de Heráclito.

Marzo 31, 2009 · Imprecaciones, Notas · 4 comentarios ·

Es sorprendente como, a pesar de que el mundo no ceja en el empeño de destruirnos y envilecernos, la imagen del resto, de algunos de los que forman el resto, puede, en algunas ocasiones, llegar a consolarnos. Mientras el tiempo nos reduce y nos encoje, hasta que casi no podemos encontrar en nosotros mismos la sombra de aquello menos despreciable que alguna vez fuimos, y tratamos de resistir el embate del hastío contando los pocos momentos de libertad que logramos arrancarle al paso de los días, otros se entregan a la maquinaria de la estupidez, se abandonan a los engranajes de la miseria humana a cambio de qué se yo, ¿un par de monedas? ¿el cumplimiento de algún sueño de una pobre infancia?

Que quede claro: todos tenemos que darle algo a la máquina, cambiar algo por algo tratando de que el saldo no sea demasiado vergonzoso. Eso es una cosa; entregarse a las tareas más miserables, abrazar hoy aquello contra lo que ayer juramos, prostituirnos e hijueputizarnos hasta la médula, es otra muy distinta.

Todo esto me recuerda aquel pasaje de Viaje al final de la noche de Céline donde Bardamú se despide de Molly, reflexiona sobre el tiempo que los separa, se dirige a ella en la distancia y finalmente dice:

Para dejarla, necesité, desde luego, mucha locura y un carácter chungo y frío. Aun así, he defendido mi alma hasta ahora y Molly me regaló tanto cariño y ensueño en aquellos meses de América, que, si viniera mañana la muerte a buscarme, nunca llegaría a estar, estoy seguro, tan frío, ruin y grosero como los otros.

Es lo que digo: defender el alma. Supongo que a algunos todavía nos da algo de tranquilidad pensar que lo hemos intentado durante una jornada. Otros seguirán rifando la suya hasta en sus sueños.

La misma noche nos cobija todos, de cualquier manera.

Marzo 20, 2009 · Imprecaciones, Manifiestos, Notas · (Comentar) · Temas:

Soy un masoquista consumado. Cada cierto tiempo, cuando mi masoquismo me vence, abro una de las páginas electrónicas de uno de los periódicos de mi país. Hoy me ha tocado mi dosis de auto flagelación.

Me entero que el ex ministro de gobierno afirma que ciertos funcionarios policiales parecen sentir la obligación de complacer a las autoridades de Estados Unidos, tanto que, la entrega de información confidencial a la embajada gringa es cosa de todos los días. Los policías ecuatorianos eran sometidos a pruebas de polígrafo por parte del personal de la embajada. Los policías ecuatorianos aceptaban con una mezcla de placer y nervios (¡no vaya a ser que no pasaran la prueba!) cualquier requerimiento. Todo esto a propósito del caso Chauvín.

Quiero aclarar algo: no me interesa el caso Chauvín en lo más mínimo. Mi masoquismo no alcanza esos extremos. Pero el síntoma que Bustamante cita lo aprovecho para hablar de algo que he comprobado en todos los niveles: somos un país de arrastrados. Nos babeamos ante todo lo que huela o se vea extranjero. Nos consume un paralizante complejo de inferioridad.

La mejor estrategia para levantar un trasero ecuatoriano es, por ello, mostrar un pasaporte extranjero. Lo cual no estaría mal sino fuera que, ante todo lo que nos recuerde a nosotros mismos, mostramos la otra cara de la moneda. Odiamos al indio porque todos tenemos algo de indios. A pesar de ello, no perdemos la oportunidad de mencionar, sin que se nos haya preguntado, los orígenes —siempre dudosos— de algún pariente de ultramar. Así nos disculpamos por ser ecuatorianos. Así decimos: soy una mierda, pero no siempre lo fui.

Santo cielo, cuánto asco me da.

Por ello le resulta tan fácil y conveniente al ecuatoriano escudarse detrás de otros acentos. Aún recuerdo a un farsante que conocí alguna vez. Nunca había ido a e España, pero eso no le impedía hablar con un ridículo acento español. Todavía lo recuerdo, a veces, subiéndose a la mesa y cantando Héroes.

Entonces me meo de la risa.

El ecuatoriano es un ser en un huida demencial de sí mismo. Todo lo que el ecuatoriano odia se puede resumir en la superficie de un espejo. Olvidémonos de Cuba, hay lugares en el Ecuador en que la entrada es exclusiva para extranjeros. Y si a un ecuatoriano lo rechazan en la puerta, pueden estar seguros de que el individuo pedirá perdón, perdón por haberse equivocado y perdón por no haber sabido y perdón por ser ecuatoriano, que es lo mismo que decir un pedazo de mierda.

Somos tan serviles que da ternura.

Ustedes dirán que si hablo de ello me convierto en una paradoja. Ustedes dirán cualquier cosa, sólo no vayan a creer que soy nacionalista porque, a pesar de todo lo que he dicho, lo más asqueroso es un ecuatoriano nacionalista. Que sería lo mismo que decir un pedazo de mierda nacionalista.

Pero no crean que he dicho nada. Es mejor así, como en esos viejos matrimonios en los que ya no queda nada que escuchar. Finjamos ser sordos y que nada nos toca. Sumerjámonos en la discreta paz de la resignación. Hasta que yo vuelva sobre lo mismo porque siempre vuelvo sobre lo mismo. Después de todo, no soy otra cosa que un masoquista consumado.

Febrero 27, 2009 · Imprecaciones · (Comentar) · Temas: ,

Hace unos días recordaba El misterioso caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson. El cuento de Stevenson es, entre otras cosas, un lúcido diagnóstico sobre la enfermedad de la hipocresía. Cuántos Dr. Jekyll no hemos conocido, individuos que te muestran sólo sonrisas de frente, pero que te dejarían la espalda como coladera en un segundo, sin dudarlo, sin temblarle las garras.

Recuerdo a un chico que alguna vez conocí, un Jekyll/Hyde compulsivo, un caso perdido. La útima vez que lo ví, seguía con el mismo juego. Había perfeccionado hasta el límite el arte de lamer traseros para luego apuñalar espaldas. No me cabe duda que tiene por delante un futuro promisorio en nuestro país.

Es tierno ver a muchos Dr. Jekylls que se han quedado en un estadio intermedio de metamorfosis, horrorosas mutaciones. Todos somos igual de despreciables, me imagino; en cada uno se esconde un cobarde, un traidor. La diferencia es que algunos estamos concientes de ello. Otros pretenden ser respetables Jekylls, notables señoritos. Ellos son quienes albergan a los más violentos Mr. Hydes, a los peores hijos de puta.

Enero 25, 2009 · Imprecaciones · (Comentar) ·

La metamorfosis, una parodia

Hay quienes nacieron para escribir y quienes nacieron para ser escritores.

Onetti

Aquella mañana y luego de un sueño espeluznante, Gregorio Samsa se despertó convertido en una monstruosa cucaracha clásica. Su débil cuerpo estaba cubierto con un horroroso traje gris de tela dura como de cartón, que jamás se arrugaba aunque durmiera completamente vestido. Su cuerpo de piel blancuzca, casi transparente, dejaba entrever las gruesas venas que lo recorrían. Su rostro y pescuezo estaban cubiertos de gigantescos pelos negros y ensortijados que parecían enormes vellos púbicos con vida propia. Sus patas eran ridículamente más pequeñas en relación al resto del cuerpo y sobre todo en relación a la cabeza que, durante la noche, había crecido monstruosamente hasta, con su inmenso peso, impedirle mover el resto de su deformada humanidad.

Era la casa húmeda de sus abuelos, con quienes él y su madre vivían desde que el padre los abandonara, hacía ya muchos años. La madre llegó llorando, aquél día, con un bebé mocoso envuelto en unos sucios trapos.

Gregorio intentó mover un brazo, pero sus músculos parecían hechos de agua y cada movimiento azuzaba un pútrido olor que se levantaba desde los pálidos pliegues de su piel. Sus dientes y sobre todo, sus encías, habían crecido descomunalmente, impidiéndole cerrar la boca de labios abultados y secos. Todo esfuerzo por moverse, cada intento de ganar unos centímetros parecía inútil, así que se resignó a recostarse, contando las manchas de humedad del techo, actividad a la que a menudo dedicaba largas horas durante los años de desempleo en su juventud.
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Enero 8, 2009 · Imprecaciones, Memoria · (Comentar) ·

Somos el país del casi.

¡Casi ganamos la copa! ¡Casi no perdemos! ¡Casi metemos un gol! ¡Casi le beso a la pelada!

Somos de aquellos países a los que siempre les ganan o los empatan en el último minuto. Que siempre están a un paso de realizar algo extraordinario. Siempre nos detiene algo. ¡La próxima vez lo haremos!

Mientras tanto nos queda el casi. Así nunca llegamos al extremo de nada, siempre nos detenemos en el casi, ese maravilloso amortiguador, casi o casito, su hermano menor.

Los pobres nos conformamos con tan poco que da ternura.

Diciembre 23, 2008 · Imprecaciones · 1 comentario ·

Buenas noticias. El Ministerio de Defensa del Ecuador planea recortar el presupuesto para la compra de nuevo armamento en un cincuenta por ciento el próximo año. Si tan solo se pudiera continuar estos pasos con la eliminación del Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas del país. A aquellas medidas podrían seguirlas la reducción del servicio diplomático, la eliminación de por lo menos la mitad de ministerios actualmente en funcionamiento y por último, pero no menos importante, la reducción de por lo menos el cincuenta por ciento de la cavidad bucal de nuestro querido mandatario.

Diciembre 23, 2008 · Imprecaciones · (Comentar) ·