octubre 29

Cuánto me indigné al ver cómo le habían pegado a mi amigo. Tenía una ceja abierta con una herida que parecía una pequeña boca y la mitad izquierda de la elegante chaqueta manchada de sangre. Le ayudé a limpiar la herida con unas servilletas que tenía en el bolsillo (llevar pañuelo me parece simplemente asqueroso). Pronto las servilletas estuvieron empapadas y tuve que apretarle la herida con los dedos. La sangre tibia me resbalaba hasta las muñecas. Cómo salía a borbotones, la maldita.

Entonces, me hizo el relato, me contó cómo el flaco le abrió la cara. En plena conferencia, frente a los embajadores, que siguieron cenando, haciéndose de la vista gorda. Mientras hablaba, la voz se le rompía, tenía que detenerse. Al terminar bajó la cabeza y sollozó casi en silencio, el pecho temblándole.

¡Qué ganas tuve de romperle el otro lado de la cara! Esa mañana, al llevarlo al cuarto de emergencias del hospital más cercano, supe que había perdido a un amigo para siempre.

04:10 | Comentar | Temas:
octubre 28

La que sí se había jodido por completo era la palabra “poeta”, que quedó valiendo en su opinión como “hijueputa”, pues había tantos de los unos como de los otros: no menos de cinco millones. Así pues, decirle hoy a alguien en Colombia “¿Le provoca un tintico, poeta?” era según él como decirle “¿Le provoca un tintico, hijueputa?”

Fernando VallejoLa rambla paralela

11:10 | Comentar

Sería absurdo preguntarse a quién le debemos el hecho de que palabras como “poeta” y “escritor” estén tan devaluadas.

Tenía un amigo “poeta” que empezaba todos sus “poemas” de esta manera: “Nosotros los poetas….“.

Qué fuerte la tentación de tratar de redimirse en lo que uno escribe. De que se encuentre en nuestras letras el reflejo de un alma sensible y bondadosa, los ecos de un genio incomprendido.

Por ello, la natural consecuencia a la falta de honestidad artística es la devaluación de que la que habla F. Vallejo. Porque cualquier cosa que se escriba de esa manera no es más que basura, abundante caca.

Más sincero entonces, empezar los poemas a la manera vallejiana, en vez de “Nosotros los poetas…“ decir “Nosotros los hijueputas…“.

Imagínense la revolución que haría este pequeño cambio en el mundo de la poesía. Si se empieza un poema de esa forma, las expectativas del lector bajan automáticamente y, si resulta que el poema es más bueno que malo, el contraste entre la idea que el autor tiene de sí mismo y el resultado de su trabajo siempre lo dejaría bien parado ante los ojos del lector. Incluso si el poema fuera bastante malo ¿qué se puede esperar de alguien que se llama a sí mismo hijueputa?

Nosotros los hijueputas, ahí está el remedio, la medida radical que terminará con la devaluación de la palabra “poeta”. Tomad esta introducción, podetas, os la obsequio. Cambiad todas las instancias de la palabra “poeta” en vuestros escritos por “hijueputa”. ¡La gloria os espera!

10:27 | Comentar | Temas:

Mientras mejor conozco a los intelectuales, más amo a mi perro.

08:06 | Comentar
octubre 23

I know more than I can express in words, and the little I can express would not have been expressed, had I not known more.

Nabokov

12:57 | Comentar
octubre 22

And I wish that I was made of stone, so that I would not have to see a beauty impossible to define, a beauty impossible to believe, a beauty impossible to endure

Nick CaveBrompton Oratory

01:58 | Comentar
octubre 20

Lolita, notas sueltas

  • Mientras los mercados se desploman y los bancos se ahogan, mientras los corredores se dan tropezones con la bolsa y los papagayos aúllan, mientras la gente se da cuenta de que el mundo se cae en pedazos (yo ya lo había visto desde hace tiempo) y alguien se levanta y dice que no, que aquí no pasa nada, yo me sumerjo en las profundidades de un libro tibio y húmedo llamado Lolita. Dejo que sus húmedas paredes me abriguen y lo devoro con mis ojos hambrientos y cansados hasta que la madrugada abre grietas naranjas en los infinitos muros de la noche. Lo sostengo en mis brazos como se sostiene algo delicado, una criatura. Volteo sus hojas con delicadeza, como se manipula un delicado cristal, un espejo.
  • Así es, a mí no me quitan el sueño las figuras económicas sino las literarias. Me hundo en esas páginas como un obseso, como un salvaje, porque no hay otra manera. Hay que leer esta novela como un enfermo al borde de la locura. No como un ciudadano preocupado o atraído por las aventuras de alguien que gusta de las niñas. Menos como un intelectual que sueña que abarca con sus concimientos el horizonte de su nariz. Sí en estado de éxtasis, en el estado en el que, estoy seguro, se concibieron muchas de estas páginas. Sintiendo el fuego abrasador de una pasión que te persigue por muchos siglos.
  • Uno descubre que Humbert Humbert el amante de la novela, es el único amante posible del Universo. El único que puede existir. Porque el amor, tengo la impresión, reside sobre todo en el fuego que consume al amante, ese fuego que lo tortura y cuya tibieza a veces el amado ni siquiera sospecha. De ahí parte todo, la posibilidad misma del amor consumado tiene primero que existir en la manera de ese huracán que desbarata el alma de Humbert Humbert, el amante. Después con su fuego idealiza al amado. El amante siempre es un ciego. En esa ceguera está su tragedia y su única posible redención.
  • ¿Y dónde está la única redención posible para Humbert Humbert, el amante perverso y Lolita, la prohibida? En el arte, solamente en el arte, parece ser la respuesta de Nabokov. Lolita y H siempre fracasarán en el mundo, –nadie intente amar de esa forma, nadie trate algo así–, pero en las páginas de un venerable libro se unirán en su inútil enredo. Qué importa. Que se amen en el libro aunque sus almas estuvieran destinadas a no tocarse nunca. Porque las almas en realidad nunca se tocan, no importa lo que los ciegos digan.
  • Amanece. El jardín está lleno de hojas amarillas y naranjas. La bolsa tropieza y se levanta con la nariz rota. El mundo se sigue cayendo en pedazos, como siempre. La brisa del otoño oxida los árboles. Los amantes muertos. Eternidades desperdiciadas. El mundo mismo un cadáver en eterna descomposición. El arte es lo único que nos consuela y redime.
10:30 | Comentar | Temas:
octubre 16

La amabilidad de los extraños.

Ja, ja, ja.

08:33 | Comentar
octubre 9

Espeluznante imagen la de Nabokov o, mejor dicho, de HH, cuando se da cuenta de que cierta señoritas son el cadáver de la niña que antes fue. Así mismo, todos no somos sino el cadáver de nuestro pasado. Al final de nuestras vidas ¿cuántos muertos arrastramos a la tumba? ¿Cuántas veces nos merecemos ser enterrados antes de la definitiva?

Cada persona es ella misma, su cadáver y su fantasma.

La humanidad es su propio cementerio.

09:37 | Comentar
octubre 8

Llueve de nuevo, como siempre. La lluvia es como la lenta música de una tristeza infinita. En tardes como ésta, somos los órganos de una amargura que nunca cesa. Y no hay razón, me digo, para esta tristeza. Los que amamos recorren nuestra casa con sus distintos pasos. Tenemos lo que necesitamos y un poco más. Será que por dentro guardamos tanta tristeza que la maldita nos alcanza hasta para cuando deberíamos ser felices. Será que infelices como nosotros llueven por dentro eternamente, sin que nos demos cuenta. Y sólo en tardes como ésta, cuando el cielo se desfonda lentamente, nos apabulla la evidencia. Quedamos atrapados en el inevitable ritmo sincronizado de dos tristezas que son una misma.

11:39 | Comentar
octubre 6

Todo el mundo se merece exactamente cada cosa que le sucede. La vida es justa. No existen los accidentes ni las coincidencias. Cada pobre sufre una pobreza exactamente proporcional a la transgesión o torpeza de su pasado. Es lo que he ido aprendiendo día a día en esta tierra huérfana de providencia. Por eso los pobres no producen, no pueden producir otra cosa que fastidio. Hasta a sí mismos, como notaba Vonnegut. No hay nada injusto bajo el sol.

Por ello me ha sorprendido sobremanera leer que el viejo cascarrabias de McCain ha declarado que, si Barack Obama va por delante en las encuestas —las benditas encuestas—, es porque “la vida a veces no es justa”. Say it isn’t so, Jonhny boy. ¿Annuit coeptis no more? Quién hubiera creído que el último representante de la arrogancia republicana se fuera a convertir en un auténtico whiner, un lloriquetas consumado. Es preocupante, parece que en estos tiempos de mierda hasta el destino está en crisis.

11:09 | Comentar
octubre 3

La cuestión es que Kafka creó el mundo que ahora habitamos. Gracias a Kafka a nadie le sorprende, digamos, levantarse temprano todos los días para pasar ocho, nueve o más horas en medio de cuatro paredes que, más que testigos, son parte inherente del proceso. Cuatro fiscales impertérritos.

07:00 | Comentar
octubre 2

Nuestras vacilaciones llevan la huella de nuestra honradez; nuestras certidumbres la de nuestra impostura.

— Emil Cioran – Silogismos de la amargura

08:56 | Comentar
septiembre 30

Últimamente he pensado mucho en el mar. En aquella travesía que A. me contó, el viaje desde California hasta Japón en velero. El terror de las noches. La histérica pareja japonesa. Los días sin que le dirigieran la palabra. Los pequeños accidentes. La sal secándose en la piel.

Viajar por mar es tan diferente a tomar un avión. Lo segundo parece más un trámite burocrático. Los aviones son manicomios con alas. Su encierro insoportable. Los aeropuertos me enferman. El mar, en cambio, es para los verdaderos aventureros. El mar siempre deja su marca en uno.

Ciertos días todavía me parece estar cerca del mar. Especialmente en las mañanas de otoño, con la niebla elevándose lentamente del asfalto. Hoy y por algunos segundos me ha parecido estar de nuevo en la bahía frente a la isla. Llevo más de la mitad de mi vida viviendo lejos de la costa, pero el mar es una presencia permanente en mí.

El próximo año haré un viaje por mar.

03:38 | 1 comentario

El problema con la línea

El sí resulto ganador en la consulta popular del pasado domingo con un 70% del voto popular en Ecuador. ¿Va resolver la nueva carta todos o, al menos, un par de los problemas del país?

Incluso si la nueva consulta fuera una copia del Kama-Sutra, un volumen encriptado de fórmulas algebraicas; aun si fuera una copia de una novela de Fernando Vallejo o la Colección de Oro de Condorito, las cosas seguirían más o menos igual. Cada sector de la sociedad seguirá considerando indigno al resto. Los demás no se merecen vivir y son culpables de todo. Los guasmos y los suburbios seguirán infectos. Las calles de las ciudados seguirán despidiendo su permanente olor a podrido. La burocracia abyecta como una enredadera que ni Kafka se pudo haber imaginado. Se seguirá sobornando a todos los niveles. No habrá confianza en ninguno de los estratos de la sociedad. Las cosas seguirán exactamente como antes.

El problema con el ecuatoriano no es la constitución que lo rige. La mayoría no tiene por qué leer o saberse la constitución. En la vida cotidiana, la constitución de un país tiene muy poca importancia. Me atrevo a decir que es un documento inútil.

El problema con el ecuatoriano es diferente y, me temo, sin esperanza. No importa que la nueva constitución otorgue extraordinarios derechos a los piqueros de patas azules, iguanas de cabeza roja o papagayos parlanchines. Nuestro problema no es político, es evolutivo. Al contrario que los animalitos de las Islas galápagos, nosotros estamos yendo hacia atrás en la escala darwiniana.

01:00 | Comentar | Temas:
septiembre 29

Un demonio me miró a los ojos. (Nick Cave, 28-9-08)

Un demonio pasó por Chicago anoche e instaló en esa ciudad el otoño, de un zarpazo, aplastando con el tacón de su bota los últimos vestigios del verano. Un demonio, un ángel negro que lleva toneladas de tormento a cuestas. Un demonio llamado Nick Cave.

La parte norte de la ciudad fue el epicentro del oscuro huracán. El teatro Riviera, vieja pintura de oropel descascarándose. El escenario perfecto para los más salvajes exorcismos. La banda telonera ya lo venía anunciando: hay un demonio hediondo a whisky y tabaco dentro de cada uno, solamente hay que hacer el suficiente ruido como para despertarlo.

Y Nick, que viene dándose de puñetazos con todos los demonios posibles, tanto que, desde hace tiempo, se ha instalado a vivir con ellos, es un demonio de cabello azabache, frente redonda y entradas amplias que simulan cuernos. El tiempo, 50 años para ser más precisos, que han dejado su marca en la cara y el cuerpo de Nick, no han tocado para nada ese espíritu agreste que desde hace más de 20 años viene grabando sus pesadillas en disco. La chaqueta negra que lo cubre al entrar al escenario pronto vuela hacia algún punto detrás de las cortinas y entonces es Nick Cave con la camisa abierta y el pecho al aire. Un bigote teñido de negro corona su boca gruesa que cuando se abre deja escapar todas las plagas de la Biblia. En cualquier otro lugar Nick pasaría como chulo, como cabrón de lo setenta. Pero esta noche es mucho más que eso: es un mago dispuesto a sacarte un diablo desde el fondo de las entrañas.

Trae un repertorio con pocas referencias a las baladas de los últimos tiempos, en que Nick cambió la agresión por melancolía. Lo que predomina esta noche es la fuerza primaria de la primera década de Nick y los Bad Seeds. Sólo hay un momento de indulgencia: cuando a Warren Ellis la electricidad lo traiciona (Without electricity I’m just a fucking pussy, dice el genio detrás de Dirty Three, que parece un travieso vagabundo jugando con instrumentos que toca por primera vez). Entonces Nick anuncia que él no la necesita y se sienta a aporrear el piano con las notas de Into my Arms. Nick la entrega con eficiencia. Pero esta no es noche para sutilezas.

Inmediatamente después, Nick se lanza con una brutal versión de Papa won’t leave you, Henry una canción de cuna para verdaderos desahuciados. Se dobla, aullando hacia el público, a la luna, al infierno. Warren azota la guitarra, la acerca los parlantes, ruido de feedback, explosiones, temblores, creo que el techo se va a caer sobre nuestras cabezas. Que esto no se acabe nunca. No te vayas, Nick. Fin del set.

Cuando regresa para el bis, Nick toma sugerencias. Escucho que alguien grita Stagger Lee y yo me uno. El concierto finaliza con esa historia de cabrones y balazos en el cráneo, motherfucking Stagger Lee.

El teatro arde. Las brutales vibraciones que nacen de los parlantes se instalan en mi estómago y crecen. Lo veo venir. Nick traga aire y escupe chorros de fuego que me queman la conciencia. Se me escapa un aullido. Nick se acerca al lugar donde estoy y me mira, me mira al fondo de los ojos y luego apunta hacia arriba, al techo, ¿al cielo? El paraíso que nunca conoceré.

Luego regresa al centro del escenario, se agarra los huevos y ríe a carcajadas. El público está listo para que lo metan a un manicomio. Nick, bigote teñido, líneas de sudor brillándole en el pecho flaco, cejas gruesas de duende de dos metros, los ojos dos líneas negras. Lo ha logrado de nuevo, como todas las noches. Ha despertado a un puñado de demonios que ahora le ayudan con su carga tormentosa, que comparten su dolor. Ríe porque no estará solo en el infierno, nunca más. Se ha robado un montón de almas y las ha colocado en el lado más oscuro de la música que, paradójicamente, se siente luminoso y puro. Siento que en cualquier momento se abre un cráter en el techo. O que el piso se viene abajo.

Un demonio, el tal Nick Cave. ¿O era un ángel?

Cuando salgo del teatro, abriéndome paso entre los cadáveres, ni siquiera recuerdo que ayer, y a pocos metros de aquí, ví a My Bloody Valentine perpetrar otra masacre. Pero eso es otra historia.

11:19 | Comentar | Temas:
septiembre 28

El narrador en su tinta - Javier Vásconez

Vásconez habla sobre su obra y su personaje más importante: Quito.

07:00 | Comentar
septiembre 25

Recordando un poema de Carver

Miedo en los rostros de la gente.
Rumores de quiebras, de rescates, de pérdida de poder, de renuncias, de privaciones desconocidas, ¡de irrelevancia!
El caos bursátil.
Miedo de que los ahorros se evaporen.
Miedo de que los hijos tengan que pagar la irresponsabilidad de los oligarcas.
Miedo de que los hijos jamás tengan la oportunidad de ser oligarcas.
Miedo a despertarse por la mañana.
Miedo al imsomnio. A tener que trabajar más o a perder el trabajo.
Miedo a tener que trabajar hasta que el cuerpo no responda.
Miedo a tener que mirar los modernos productos desde el otro lado de una vitrina.
Miedo a tener que cocinar en casa todos los días.
Miedo a los extranjeros pero también a los nacionales.
Miedo a provocar risa.
Miedo al miedo.

Ayer empecé a leer Los rebeldes de Sándor Márai.

12:17 | Comentar
septiembre 23
  1. Fin de semana soleado, la última ola de calor de un verano más largo de lo que anticipamos. Ella sufre los estragos del segundo bebé mientras yo me muevo un poco intranquilo por la casa. Pienso en David Foster Wallace y, sin haber leído nada de él, sin saber quién era hasta hace un par de días, me entristezco. El tipo pasó muchos de sus días en regiones cercanas a donde vivo. ¿Cuántas cosas y caras habremos visto, cuántas calles recorrido en común? Sobre todo, ¿por qué me parece tan terrible el hecho de que alguien se suicide, yo que, en muchas ocasiones, he encontrado, o he creído encontrar la evidencia de que la vida es algo absurdo, sin remedio posible?
  2. Releo Lolita, pero es como si la leyera por primera vez. No la leí antes, estoy seguro, ¿cómo se me pudo escapar la tremenda broma de Nabokov? Este ruso era comedia pura, de la mejor. Un libro que se ríe en muchos distintos niveles. En uno de ellos, río yo también.
  3. El chico y yo salimos en bicicleta. Rodeamos el barrio con nuestro pedaleo frenético. Caminamos descalzos por un arroyo artifical y, finalmente , llegamos a un parque donde se juega fútbol como si el verano no se fuera a terminar nunca. Visiones que –estoy seguro– atormentarían a Humbert Humbert se pasean descalzas por mis pupilas. No, HH no sobreviviría esto. Yo a duras penas prevalezco. Al regreso una ducha fría y ver The Bad Liutenant(El teniente corrupto) de Abel Ferrara. Me duermo en la parte en que Harvey Keitel habla con Cristo, media botella de vino color sangre a mi lado.
  4. Jodidos suburbios con sus jodidos días exactamente idénticos, nos hemos prometido dejarlos –como siempre– el próximo año.
12:20 | Comentar
septiembre 19

When all your dreams have vanished / And you don’t know what’s up the bend / Just remember that death is not the end.

— Bob Dylan – Death is not the end

10:57 | 1 comentario
← Anterior Siguiente → Página 2 de 4