- Victoria de los Ángeles en Carmen de Bizet. Victoria es la más natural, con el mejor sentido del ritmo y de mayor voluptuosidad de las sopranos. Bizet murió a los treinta y seis años, sin saber que esta Carmen tendría tanto éxito. Uno se lo imagina en el paraíso, escuchando a de los Ángeles.
- Pan, la segunda novela de Knut Hamsun. Hambre me había parecido un poco irritante y repetitiva, pero el lenguaje de Hamsun adquiere nuevas tonalidades al describir la naturaleza. Thomas Glahn, cazador, vive en una cabaña en un bosque cerca de la costa nórdica. El hombre como dueño y señor de la naturaleza, un pequeño dios que le pone nombre a todo. Glahn se enamora de Eduarda, una joven frívola que acaba rechazándolo. Lo mejor son las descripciones de Hamsun, registrando el cambio de estaciones, de los colores, de la luz. Este jovencito Hamsun promete mucho.
- El cuento The Briefcase de Rebecca Makkai. Rebecca cuenta como, mientras escribía este cuento, estaba leyendo a Gogol y Chejov. La influencia rusa se nota en esta historia de un prisionero que asume la identidad de un profesor de física para escapar a sus captores. Gran tensión, la transformación del personaje del prisionero cuando empieza a pensar en las leyes de la física, hacen de este una muestra perfecta del cuento corto, género con el cual no me había emocionado desde hacía años.
- Moon, de Duncan Jones(hijo del desconocido David Bowie), en que el astronauta Sam Bell espera se regreso a la tierra luego de tres años de trabajo solitario solamente para descubrir que es un clon de sí mismo, creado con el objetivo de llevar a cabo una misión por toda la eternidad. Las secuencias del astronauta hablando con el resto de clones consiguen ese efecto onírico de las mejores obras de la ciencia ficción. Este astronauta perdido en medio del frío de un planeta lejano termina hablando consigo mismo; yo encerrado bajos las nieves de un país lejano, ¿con quién más voy a hablar si no conmigo mismo?
- Los mariscos al estilo tandoori. Dicen que los persas llevaron el tandoor, una especie de horno cónico de arcilla, a la India. Allí los hindúes lo llenaron de mística, o sea de especias y aromas y color. El pan plano que se cocina en estos hornos adquiere una consistencia crujiente por fuera y suave, esponjosa por dentro.