Si to conozco no me acuerdo

Mucha apatía como para escribir aquí.

El periódico dice que le ganamos a Argentina. Excelencia, elegancia y efctividad, dice el periódico. Y no sé cuánta bazofia más.

Es de madrugada y empiezo de nuevo. No creo en frases bonitas. Ya no. Vivo en un cementerio de frases bellas. He llegado a creer sólo en lo innombrable. Que alguien destroze todo lo etéreo. Las transpiraciones poéticas. Que alguien le rompa el culo a la poesía. O mejor, a los poetas. Es todo lo que me queda desear. Me meo en París. Excepto en el de Vallejo, el del aguacero. Siempre debe haber excepciones. Alguien tiene que asaltar, de manera rotunda, de manera parsimoniosa (rencor y calma) los templos sagrados de lo etéreo, de lo infame. Eso sí sin excepciones. Etceterá, dice Gaingsbourg. Por ello, y con la arrogancia del borracho, empiezo de nuevo.

Tomémonos un trago.

Sinceramente creo que hay que reírse en cualquier momento.

Añado estas palabras la mañana siguiente. ¿La mañana siguiente de qué? Qué se yo. Hoy es jueves y César Vallejo muere todos los jueves.

Que hable Bernhard:

Sin embargo, todo lo que ha de escribirse debe empezarse siempre desde el principio e intentarse siempre de nuevo, hasta que por lo menos una vez se logra de forma aproximada aunque nunca satisfactoria. Y por inútil que sea, y por terrible y desesperado que sea, hay que probar siempre de nuevo cuando tenemos un tema que nos aflige siempre y siempre con la mayor obstinación y no nos deja ya en paz. Aun sabiendo que nada es seguro y que nada es completo, debemos, aun en medio de la mayor inseguridad y de las mayores dudas, comenzar y proseguir lo que nos hemos propuesto. Si siempre renunciamos antes de haber empezado, caemos en definitiva en la desesperación y en definitiva y finalmente no salimos ya de esa desesperación y estamos perdidos. Lo mismo que cada día debemos despertar y comenzar y proseguir lo que nos hemos propuesto, es decir, tenemos que seguir existiendo porque sencillamente tenemos que seguir existiendo, así, un propósito como el de conservar el recuerdo de la compañera del Suizo tenemos que comenzarlo y proseguirlo y no dejarnos desanimar por el primer y, probablemente, siempre renovado pensamiento de tener que fracasar en ese proyecto. Todo fracasa. Al menos, si tenemos voluntad de fracasar, avanzamos, y debemos tener siempre, en todo y en todas y cada una de las cosas, al menos la voluntad de fracasar, si no queremos perecer ya muy pronto, lo que realmente no puede ser la intención de nuestra existencia.1


  1. Thomas Bernhard 

§517 · Junio 11, 2009 · Notas · · [Imprimir]

1 Comentario

  1. David dice:

    Ecuador va mejor que México, compadre: ¿qué decir?

    Un abrazo,

    D.

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