Si to conozco no me acuerdo

Sincronicidad: Bernhard – Cheever

-Imagina que se gastaron miles de dólares para lograr que una casa sólida pareciese una ruina –dijo Lawrence-. Imagina la actitud mental que eso implica. Imagina que el deseo de vivir en el pasado es tan intenso que uno paga a los carpinteros para desfigurar la puerta principal. – Entonces recordé la sensibilidad de Lawrence al decurso del tiempo y sus sentimientos y opiniones acerca de nuestras reacciones ante el pasado. Años antes yo le había oído decir que nosotros, nuestros amigos y el grupo social al que pertenecíamos, como nos sentíamos incapaces de afrontar los problemas del presente, lo mismo que un adulto deformado volvíamos los ojos hacia lo que creíamos había sido una época más feliz y más sencilla, y que nuestra propensión a la reconstrucción y a la luz de las velas era una demostración de este fracaso irremediable.

John CheeverAdiós, hermano mío

La gente amuebla sus apartamentos en un estilo antiguo, rodeándose con muebles de hace siglos, muebles de una época que no les concierne y esto los hace culpables de cierta forma de mendacidad, pensé. Al ser demasiado débiles como para sobrellevar su propia época, se puede decir, necesitan, para poder mantenerse a flote, rodearse de muebles de una época pasada, una época muerta y terminada, pensé. Es realmente una señal de horrorosa debilidad, pensé, cuando la gente llena sus apartamentos de muebles que pertenecen a épocas pasadas en vez de la suya, cuya dureza y brutalidad no son capaces de resistir. Lo que hacen, me parece, es rodearse de la suavidad del pasado muerto que no les puede responder.

Thomas BernhardTala


Fin de semana dedicado a Thomas Bernhard. Encontré una copia de la edición en inglés, agotada hace años, de Tala(Holzfällen, traducida como Woodcutters). Repasé algunas partes de su autobiografía y releí Maestros antiguos (Alte meister). Completa aniquilación. A la distancia la autobiografía me parece un poco cansina, un poco lastimera. Poco espacio para el humor demente de las novelas.

En Tala, de nuevo el torrente verbal de Bernhard. A fuerza de repetición, de machacar las frases, en vez de monotonía: un ritmo endemoniado. Un narrador inmóvil, un confeso espía social se reencuentra con varios personajes de la cultura vienesa.

Puedo decir que fue en la Sebastianplatz que aprendí a conocer a los seres humanos; ya los conocía hasta cierto punto, mejor que otros en mi posición, pero fue sólo en la Sebastianplatz que me di cuenta de cómo son los seres humanos en realidad, seres humanos de todo tipo, estudiándolos concientemente. Fue en la Sebastianplatz que empecé a desarrollar un método de mirar y observar a la gente que se habría de convertir en mi arte personal, un arte que habría de practicar por el resto de mi vida. Fue en la Sebastianplatz que aprendí no sólo a admirar a los seres humanos y la sociedad humana, sino también a detestarlos, pensé, a encontrarlos al mismo tiempo atractivos y repelentes. 1

El narrador se empeña en destapar la hipocresía y revelar la verdadera naturaleza de la camarilla cultural: una colección de parásitos, borrachos y neuróticos con ínfulas artísticas. En contraste, personas simples poco educadas se revelan como contrapartes más decentes.

Si bien el asalto contra los personajes del mundillo artístico es implacable, algunos pasajes revelan una profunda ternura. Si bien el narrador enfila su artillería contra los personajes con que se ha reencontrado, le sobran municiones para dirigirlas contra sí mismo. Porque lo que no escapa al lector atento es esto: después de todo él, el narrador, es también débil y perverso, sentado en una silla en un rincón apartado, mascullando palabras que no se atreve a pronunciar en voz alta. Igual que en el caso de Maestros antiguos la neurosis del propio narrador se hace evidente creando un efecto cómico magistral.

Y es precisamente ese elemento auto-irónico el que le falta a la autobiografía de Bernhard, pienso yo. Por suerte me queda mucho por leer del maestro austríaco.


  1. Traducido del inglés. 

Mayo 26, 2009 · Notas · (Comentar) · Temas: ,

Unas veces somos artistas de las palabras, otras artistas del silencio, y perfeccionamos ese arte al máximo, dijo, nuestras vidas son exactamente interesantes en la medida en que hayamos podido desarrollar tanto nuestro arte de la palabra como nuestro arte del silencio.

Thomas BernhardMaestros antiguos

Mayo 24, 2009 · Notas · (Comentar) ·

  • Juan Manuel Santos, el Wunderkind de la guerra contra las guerrillas colombianas será, muy probablemente, el nuevo presidente colombiano. Qué cara perversa tiene el tipo. Un rostro perfecto para un milico torturador. De aquellos que se regodean arrancando uñas o reventando testículos. Sin duda un gran adelanto, comparado con Uribe.

  • Curiosidades. Entre lo inédito de Thomas Bernhard se encuentra una alabanza a Rimbaud y sus poemas, escrita a los 23 años. En el blog de Letras Libres hay fragmentos que permiten vislumbrar a un Bernhard más entusiasta y menos implacable. Ojalá lo próximo que se publique de Bernhard no sean sus listas de compras o algo así.

  • Cuando manejamos ciertos conceptos parecemos gorilas agarrando un ramo de flores. He dicho con ingenuidad que Malone muere comunica cuestiones más allá de las palabras. En realidad toda obra de arte que en realidad lo sea comunica cuestiones más allá de las palabras. La verdad se encuentra más allá de toda representación. No es que idealice a la verdad, es que creo conocer los límites de la representación.

  • Es conveniente siempre recordar el carácter despreciable del grueso de la humanidad, así, cuando nos encontramos frente a la genuina bondad, no nos será difícil reconocerla.

Mayo 19, 2009 · Notas · (Comentar) ·

El sábado de madrugada vimos Déjame entrar, la película del sueco Tomas Alfredson. Algunas escenas bellas y sombrías. Los vampiros son los parias, los animales que se alejan de la manada. No totalmente, en este caso. Aquí regresan a chupar sangre. Una pena, no poderse alejar totalmente de la manada. ¿Qué pasaría si uno lo intentara? La destrucción, seguro. Me dan un poco de miedo los suecos. Algunas escenas tan bellas que me tientan a traer la palabra maldita, decir que son poéticas. Pero resisto. Hubiera podido hacer mucho más con la sangre, Alfredson. Unas pausas, unos silencios que no se escuchan normalmente en las películas que uno ve todos los días. Veánla, en fin.

Luego a seguir pasando páginas. Cabecear en la silla durante el día. Y más.

Mayo 18, 2009 · Celuloide · 3 comentarios ·

Escribir para que nos quieran más.

¿Por qué no mejor trabajar de voluntario en una institución benéfica?

Mayo 16, 2009 · Notas · (Comentar) ·

Hoy los tulipanes están en su punto más hermoso.

Mayo 14, 2009 · Notas · (Comentar) ·

Del regreso de Kundera, en El País:

Para hablar y reflexionar sobre el exilio, Milan Kundera trae a sus páginas a la poeta checa Vera Linhartova, quien plantea el exilio como un hecho liberador: “Por tanto elegí un lugar donde quería vivir y también elegí la lengua en la que quería hablar”.

Mayo 13, 2009 · Afuera · (Comentar) ·

A veces prefiero no leer mis entradas anteriores, so pena de borrarlas íntegramente. Los de mi generación somos bastante pomposos, no hay nada que hacer. Luchamos todos los días contra ese esplendor tan chato con el que nacimos. Contra la tendencia a intentar sorprendernos a nosotros mismos.

Mi esperanza es que, si uno persevera, no le quedará otra salida que verse al espejo de manera más cruda. Mientras más se persiste en esto, menos se engaña uno, me lo he dicho muchas veces. La evidencia no siempre me da la razón.

Sigamos, de cualquier manera.

Apenas algo de John Cheever este fin de semana. Un hermoso cuento llamada Goodbye, My Brother. Es lo que tienen los estadounidenses, esos insulares despreciados por la Academia Sueca del Fiasco; hay una gran pureza en esos cuentos que parecen no precouparse de otra cosa que de sí mismos. De ahora en adelante leeré a Cheever en las pausas.

Es la temporada de tormentas. La bruma es espesa y el agua constante. Hoy llevo una camisa azul de la que me siento bastante orgulloso. Vayan a YouTube y vean todo el cencierto de Leonard Cohen en Coachella, vale la pena.

Mayo 11, 2009 · Notas · 1 comentario · Temas: , ,

Hoy por la mañana visité el pueblo de Elgin. Ahí, a media mañana, el tiempo se había detenido. Casas antiguas rodeadas de un verdor rabioso, el frío agazapándose como un animal amenazado, un valle que se parece a otro valle cuyo nombre se me escapa. Otra encrucijada y sonrío. Eso tienen las encrucijadas, siempre nos enseñan a sonreir sin ganas, a ser simpáticos. Después de todo, esta sonrisa estúpida es la mejor cara que tenemos. Por las calles es el inicio de la primavera del año 85, o algo así. El fantasma de un tiempo en que todo era menos complicado. Anoche me levanté medio sonámbulo y le di un beso al bebé. Hoy veré a Leonard Cohen y su sombreró y tararearé Hallelujah. Era otra época en las calles de Elgin.

Y qué verdor.

Mayo 6, 2009 · Notas · (Comentar) ·