Si to conozco no me acuerdo

Mientras almuerzo leo un reportaje humorístico sobre los más parásitos horrorosos del planeta. Hay un crustáceo que se clava en la lengua de los pargos y se alimenta de su sangre. Con el tiempo el pargo pierde la lengua, pero el malvado crustáceo alarga su estancia, siempre alimentándose de la sangre del pez; actuando como si fuera la lengua perdida del pargo, una terrible simbiosis. Además hay gusanos, avispas, cucarachas zombies y demás. Pero el más impresionante es la larva que penetra la piel de los caracoles para luego brotar por las antenas de su huésped y ser devorados por aves hambrientas, en cuyo cuerpo se reproducen para continuar con su ciclo mortífero de vida. (Por un minuto pensé que estaba leyendo la sección política de los diarios de mi país.)

Claro, el reportaje no hablaba de los parásitos humanos que nuestro país produce a todos los niveles. Conozco una rabiosa especie que acopla su aparato bucal al recto de otro humano, y no lo deja en paz hasta que le ha chupado la última gota de sangre. Se lo conoce como, si la memoria no me falla, lameculus Vulgaris. Lo bueno es que la víctima, o la mayoría de las víctimas, siente un tremendo placer mientras todo esto sucede. Hasta que ya es muy tarde para sacudirse al parásito. Al final, la víctima suele morir de anemia y el parásito se coloca en algún puesto de prestigio. Sucede todos los días.

Esto entre otras muchas especies de parásitos cuya larga enumeración algún día acometeré.

Claro, en el reino de las especies que carecen de un lenguaje para comunicarse, a la maldad no se la llama maldad y el terrible oportunismo del parásito no tiene nombre, literalmente. Es diferente cuando hablamos de parásitos humanos, como es el caso del segundo párrafo. En esta instancia estamos obligados a horrorizarnos de la maldad del chupasangre, a encontrar una forma de solucionar su conducta nociva, a castigarlo de alguna manera.

Pero algo me dice que los parásitos humanos comparten, con sus iguales de la naturaleza, la falta de conciencia sobre lo nocivo de sus actos. Es posible que todos carezcan de la capacidad de formular juicios de valor sobre su maldad. A lo mejor todo sea un problema de vocabulario. O qué se yo.

En cuyo caso me inclino por pensar que la única solución para la conducta parasitaria, tanto en el reino animal como en su extensión, el humano, es la destrucción del parásito. Por supuesto, como no somos personas que se inclinen por la violencia, tal vez lo único que nos quede sea aceptar la maldad humana como un hecho más de la naturaleza. Debemos, después de todo, pensar que la conducta parasitaria es quizá la única posibilidad de sobrevivencia para ciertas especies.

En cualquier caso, les recomiendo vacunarse contra todo tipo de parásitos y curarse en salud.

Pienso en los abismos, en el fuego eterno de Heráclito.

Marzo 31, 2009 · Imprecaciones, Notas · 4 comentarios ·

And this, I realized, is the excrutiating scrupulosity, the same maddening, meticulous attention to every last detail, that makes you great, that keeps you going and got you through and now is dragging you down. Standing with E. I. Lonoff over the disobedient arm of his record player, I understood the celebrated phenomenon for the first time: a man, his destiny, and his work—all one. What a terrible triumph!

Philip RothThe Ghost Writer

Marzo 28, 2009 · Recortes · (Comentar) ·

Mr. Nabokov, would you tell us why it is that you detest Dr. Freud?

Nabokov: I think he’s crude, I think he’s medieval, and I don’t want an elderly gentleman from Vienna with an umbrella inflicting his dreams upon me. I don’t have the dreams that he discusses in his books. I don’t see umbrellas in my dreams. Or balloons.

I think that the creative artist is an exile in his study, in his bedroom, in the circle of his lamplight. He’s quite alone there; he’s the lone wolf. As soon as he’s together with somebody else he shares his secret, he shares his mystery, he shares his God with somebody else.

Fuente

Marzo 27, 2009 · Notas, Recortes · (Comentar) ·

He dicho que no soy muy fan de Murakami, pero me alegra haber leído este discurso. Un textito lleno de honestidad y huevos. Aquí una muestra:

I have only one reason to write novels, and that is to bring the dignity of the individual soul to the surface and shine a light upon it. The purpose of a story is to sound an alarm, to keep a light trained on the System in order to prevent it from tangling our souls in its web and demeaning them. I fully believe it is the novelist’s job to keep trying to clarify the uniqueness of each individual soul by writing stories — stories of life and death, stories of love, stories that make people cry and quake with fear and shake with laughter. This is why we go on, day after day, concocting fictions with utter seriousness.

Marzo 23, 2009 · Notas · (Comentar) ·

Teoría de la michelada

  1. En primer lugar, usar jugo de tomate o Clamato, es para las nenas. El resto, lo que sirven en algunos lugares, es una mezcla de Boody Mary con cerveza, algo repulsivo.

  2. La michelada no es para las nenas. En su fondo turbio se estrellan partículas de pimienta con pedazos de ají, granos de sal de mar con otros más misteriosos y oscuros. Algunas personas las sirven en copa o vaso de cóctel. En el restaurante clandestino las servían en jarros de cerveza, pero la mejor presentación es un vaso largo en cuyo filo brotan, groseros, los granos de sal.

  3. La salsa Worceshire es suficiente para darle un ligero sabor oxidado, ligeramente marisco (efecto del jugo de las ostras de la salsa). En mi lugar predilecto se ven platos hondos por cuyos filos asoman tenazas de cangrejo anaranjado, brazos de pulpo violeta o los ojos brotados y un poco tristes de un huachinango.

  4. Sal de mar, no de mesa y limones verdes y pequeños, no los amarillos y agrios que se encuentran acá.

  5. Mucha salsa picante. Prefiero la turbia que todavía muestra los pedazos del ají a la más procesada y menos espesa.

  6. Salsa picante hasta que la lengua se sienta adolorida, delicada como las áreas pudentes luego del sexo. ¡Ay de quienes nunca se atreven!

Marzo 23, 2009 · Notas · (Comentar) ·

Es sorprendente como, a pesar de que el mundo no ceja en el empeño de destruirnos y envilecernos, la imagen del resto, de algunos de los que forman el resto, puede, en algunas ocasiones, llegar a consolarnos. Mientras el tiempo nos reduce y nos encoje, hasta que casi no podemos encontrar en nosotros mismos la sombra de aquello menos despreciable que alguna vez fuimos, y tratamos de resistir el embate del hastío contando los pocos momentos de libertad que logramos arrancarle al paso de los días, otros se entregan a la maquinaria de la estupidez, se abandonan a los engranajes de la miseria humana a cambio de qué se yo, ¿un par de monedas? ¿el cumplimiento de algún sueño de una pobre infancia?

Que quede claro: todos tenemos que darle algo a la máquina, cambiar algo por algo tratando de que el saldo no sea demasiado vergonzoso. Eso es una cosa; entregarse a las tareas más miserables, abrazar hoy aquello contra lo que ayer juramos, prostituirnos e hijueputizarnos hasta la médula, es otra muy distinta.

Todo esto me recuerda aquel pasaje de Viaje al final de la noche de Céline donde Bardamú se despide de Molly, reflexiona sobre el tiempo que los separa, se dirige a ella en la distancia y finalmente dice:

Para dejarla, necesité, desde luego, mucha locura y un carácter chungo y frío. Aun así, he defendido mi alma hasta ahora y Molly me regaló tanto cariño y ensueño en aquellos meses de América, que, si viniera mañana la muerte a buscarme, nunca llegaría a estar, estoy seguro, tan frío, ruin y grosero como los otros.

Es lo que digo: defender el alma. Supongo que a algunos todavía nos da algo de tranquilidad pensar que lo hemos intentado durante una jornada. Otros seguirán rifando la suya hasta en sus sueños.

La misma noche nos cobija todos, de cualquier manera.

Marzo 20, 2009 · Imprecaciones, Manifiestos, Notas · (Comentar) · Temas:

Es cierto que no sé escribir, pero escribo de mí mismo.

OnettiEl Pozo

Marzo 19, 2009 · Recortes · (Comentar) ·

Resumen semanal

Días calurosos. La nieve un mal recuerdo. Días de piscina y resbaladera. Días que uno recordará con nostalgia en algún momento del futuro. El sol hinchado sobre la línea del horizonte. Horas de felicidad horizontal. Días primaverales.

Días de trabajo. Días idénticos. Días que uno nunca va a querer recordar. Días que uno no va a recordar. Días en que uno se caga en todo. Que les den por el culo a esos días.

Marzo 17, 2009 · Notas · (Comentar) ·

En aquel tiempo recorríamos cada semana las carreteras de Indiana.

Por las mañanas, el pueblo universitario, todavía sumergido en el silencio de los domingos, se perdía a nuestras espaldas. Luego atravesábamos un puente que parecía un gigantesco insecto de metal. A veces, una lluvia suave salpicaba lentamente las calles negras. Otras veces, en el cielo se dibujaba la infancia de tormentas eléctricas.

En el verano el bosque crecía con furia y, de repente, era otro país, un lugar en el que sólo se escuchaba el chirrido lejano e invisible de millones de insectos. A veces mirábamos desde una elevación el viaje esforzado y mudo de un camión que aparecía y desaparecía en el verdor.

Durante el otoño, nuestro Ford rojo se abría paso por los túneles que los árboles formaban. Las hojas anaranjadas se elevaban varios metros para caer lentamente hasta cubrir de nuevo el asfalto.

Perseguíamos a los bisontes que se perdían entre los secuoyas. Los bisontes, con sus pechos abultados de color chocolate y expresiones resignadas parecían animales prehistóricos apurándose a la cita con su propia extinción.

Algunos pueblos abandonados. Un viento salvaje el único huésped de las avenidas cubiertas de asfalto —nada se salva del asfalto. Al final del día, el sol hundiéndose en los inacabables campos de maíz mientras Lucinda Williams ronroneaba con su voz herida de güisqui.

Nuestro mundo estaba plagado de preguntas. Lo único seguro era esa carretera y el horizonte que la devoraba.

Nadie nos esperaba en ningún lugar. No teníamos apuro de volver a casa.

Marzo 10, 2009 · Memoria, Notas · 2 comentarios · Temas:

Momentos de inesperada felicidad a la vuelta del sábado. He reincidido con las micheladas, mi bebida de aquí a no sé cuánto tiempo por venir. En su inquieto sabor he creído ver el carácter de un pueblo. Luego hemos manejado bajo la tormenta, My Bloody Valentine pulverizando las estrellas a través de las bocinas. El cielo un mar de plomo, cierto verdor anunciándose en el fondo de las cosas.

Por la noche me refugio en País de Nieve de Yasunari Kawabata. Releo la parte en que las polillas se desgranan, fulminadas por el frío, por el paso implacable del tiempo. El diletante Shimamura observa la caida de los cadáveres petrificados de los insectos. Todo lo hermoso lleva en sí el germen de su propia destrucción. A este tipo de alerta los japoneses la llaman Mono no aware.

Tiempo después había dejado de llover. Todo estaba sumido en una silenciosa oscuridad. Encontré de puntillas mi camino al lecho.

Marzo 9, 2009 · Notas · (Comentar) · Temas: ,