Si to conozco no me acuerdo

Últimamente he pensado mucho en el mar. En aquella travesía que A. me contó, el viaje desde California hasta Japón en velero. El terror de las noches. La histérica pareja japonesa. Los días sin que le dirigieran la palabra. Los pequeños accidentes. La sal secándose en la piel.

Viajar por mar es tan diferente a tomar un avión. Lo segundo parece más un trámite burocrático. Los aviones son manicomios con alas. Su encierro insoportable. Los aeropuertos me enferman. El mar, en cambio, es para los verdaderos aventureros. El mar siempre deja su marca en uno.

Ciertos días todavía me parece estar cerca del mar. Especialmente en las mañanas de otoño, con la niebla elevándose lentamente del asfalto. Hoy y por algunos segundos me ha parecido estar de nuevo en la bahía frente a la isla. Llevo más de la mitad de mi vida viviendo lejos de la costa, pero el mar es una presencia permanente en mí.

El próximo año haré un viaje por mar.

Septiembre 30, 2008 · Notas · 1 comentario ·

El problema con la línea

El sí resulto ganador en la consulta popular del pasado domingo con un 70% del voto popular en Ecuador. ¿Va resolver la nueva carta todos o, al menos, un par de los problemas del país?

Incluso si la nueva consulta fuera una copia del Kama-Sutra, un volumen encriptado de fórmulas algebraicas; aun si fuera una copia de una novela de Fernando Vallejo o la Colección de Oro de Condorito, las cosas seguirían más o menos igual. Cada sector de la sociedad seguirá considerando indigno al resto. Los demás no se merecen vivir y son culpables de todo. Los guasmos y los suburbios seguirán infectos. Las calles de las ciudados seguirán despidiendo su permanente olor a podrido. La burocracia abyecta como una enredadera que ni Kafka se pudo haber imaginado. Se seguirá sobornando a todos los niveles. No habrá confianza en ninguno de los estratos de la sociedad. Las cosas seguirán exactamente como antes.

El problema con el ecuatoriano no es la constitución que lo rige. La mayoría no tiene por qué leer o saberse la constitución. En la vida cotidiana, la constitución de un país tiene muy poca importancia. Me atrevo a decir que es un documento inútil.

El problema con el ecuatoriano es diferente y, me temo, sin esperanza. No importa que la nueva constitución otorgue extraordinarios derechos a los piqueros de patas azules, iguanas de cabeza roja o papagayos parlanchines. Nuestro problema no es político, es evolutivo. Al contrario que los animalitos de las Islas galápagos, nosotros estamos yendo hacia atrás en la escala darwiniana.

Septiembre 30, 2008 · Imprecaciones · (Comentar) ·

Un demonio me miró a los ojos. (Nick Cave, 28-9-08)

Un demonio pasó por Chicago anoche e instaló en esa ciudad el otoño, de un zarpazo, aplastando con el tacón de su bota los últimos vestigios del verano. Un demonio, un ángel negro que lleva toneladas de tormento a cuestas. Un demonio llamado Nick Cave.

La parte norte de la ciudad fue el epicentro del oscuro huracán. El teatro Riviera, vieja pintura de oropel descascarándose. El escenario perfecto para los más salvajes exorcismos. La banda telonera ya lo venía anunciando: hay un demonio hediondo a whisky y tabaco dentro de cada uno, solamente hay que hacer el suficiente ruido como para despertarlo.

Y Nick, que viene dándose de puñetazos con todos los demonios posibles, tanto que, desde hace tiempo, se ha instalado a vivir con ellos, es un demonio de cabello azabache, frente redonda y entradas amplias que simulan cuernos. El tiempo, 50 años para ser más precisos, que han dejado su marca en la cara y el cuerpo de Nick, no han tocado para nada ese espíritu agreste que desde hace más de 20 años viene grabando sus pesadillas en disco. La chaqueta negra que lo cubre al entrar al escenario pronto vuela hacia algún punto detrás de las cortinas y entonces es Nick Cave con la camisa abierta y el pecho al aire. Un bigote teñido de negro corona su boca gruesa que cuando se abre deja escapar todas las plagas de la Biblia. En cualquier otro lugar Nick pasaría como chulo, como cabrón de lo setenta. Pero esta noche es mucho más que eso: es un mago dispuesto a sacarte un diablo desde el fondo de las entrañas.

Trae un repertorio con pocas referencias a las baladas de los últimos tiempos, en que Nick cambió la agresión por melancolía. Lo que predomina esta noche es la fuerza primaria de la primera década de Nick y los Bad Seeds. Sólo hay un momento de indulgencia: cuando a Warren Ellis la electricidad lo traiciona (_Without electricity I’m just a fucking pussy_, dice el genio detrás de Dirty Three, que parece un travieso vagabundo jugando con instrumentos que toca por primera vez). Entonces Nick anuncia que él no la necesita y se sienta a aporrear el piano con las notas de Into my Arms. Nick la entrega con eficiencia. Pero esta no es noche para sutilezas.

Inmediatamente después, Nick se lanza con una brutal versión de Papa won’t leave you, Henry una canción de cuna para verdaderos desahuciados. Se dobla, aullando hacia el público, a la luna, al infierno. Warren azota la guitarra, la acerca los parlantes, ruido de feedback, explosiones, temblores, creo que el techo se va a caer sobre nuestras cabezas. Que esto no se acabe nunca. No te vayas, Nick. Fin del set.

Cuando regresa para el bis, Nick toma sugerencias. Escucho que alguien grita Stagger Lee y yo me uno. El concierto finaliza con esa historia de cabrones y balazos en el cráneo, motherfucking Stagger Lee.

El teatro arde. Las brutales vibraciones que nacen de los parlantes se instalan en mi estómago y crecen. Lo veo venir. Nick traga aire y escupe chorros de fuego que me queman la conciencia. Se me escapa un aullido. Nick se acerca al lugar donde estoy y me mira, me mira al fondo de los ojos y luego apunta hacia arriba, al techo, ¿al cielo? El paraíso que nunca conoceré.

Luego regresa al centro del escenario, se agarra los huevos y ríe a carcajadas. El público está listo para que lo metan a un manicomio. Nick, bigote teñido, líneas de sudor brillándole en el pecho flaco, cejas gruesas de duende de dos metros, los ojos dos líneas negras. Lo ha logrado de nuevo, como todas las noches. Ha despertado a un puñado de demonios que ahora le ayudan con su carga tormentosa, que comparten su dolor. Ríe porque no estará solo en el infierno, nunca más. Se ha robado un montón de almas y las ha colocado en el lado más oscuro de la música que, paradójicamente, se siente luminoso y puro. Siento que en cualquier momento se abre un cráter en el techo. O que el piso se viene abajo.

Un demonio, el tal Nick Cave. ¿O era un ángel?

Cuando salgo del teatro, abriéndome paso entre los cadáveres, ni siquiera recuerdo que ayer, y a pocos metros de aquí, ví a My Bloody Valentine perpetrar otra masacre. Pero eso es otra historia.

Septiembre 29, 2008 · Sonidos · (Comentar) · Temas:

Recordando un poema de Carver

Miedo en los rostros de la gente.
Rumores de quiebras, de rescates, de pérdida de poder, de renuncias, de privaciones desconocidas, ¡de irrelevancia!
El caos bursátil.
Miedo de que los ahorros se evaporen.
Miedo de que los hijos tengan que pagar la irresponsabilidad de los oligarcas.
Miedo de que los hijos jamás tengan la oportunidad de ser oligarcas.
Miedo a despertarse por la mañana.
Miedo al imsomnio. A tener que trabajar más o a perder el trabajo.
Miedo a tener que trabajar hasta que el cuerpo no responda.
Miedo a tener que mirar los modernos productos desde el otro lado de una vitrina.
Miedo a tener que cocinar en casa todos los días.
Miedo a los extranjeros pero también a los nacionales.
Miedo a provocar risa.
Miedo al miedo.

Ayer empecé a leer Los rebeldes de Sándor Márai.

Septiembre 25, 2008 · Maestros, Notas · (Comentar) · Temas:

When all your dreams have vanished / And you don’t know what’s up the bend / Just remember that death is not the end.
Septiembre 19, 2008 · Notas · 1 comentario ·

Rick Wright, 1943-2008

Ayer murió el arquitecto de algunos de mis sueños juveniles: Rick Wright, el que operaba los botones de esa máquina de quimeras llamada Pink Floyd. Fue siempre una fuerza creativa, desde las pesadillas cósmicas de Syd Barrett hasta los últimos tiempos, en que el torrente de talento de David Gilmour le daba vida artificial a uno de los grupos más legendarios del rock.

Hoy escucharé Pink Floyd hasta dormirme. Nadaré sin oxígeno en ese mar de notas terribles y sublimes y lo recordaré cuando emocionado recorra esas torres musicales llamadas The Great Gig in the Sky y One of These Days.

Shine on you crazy diamond!

Septiembre 17, 2008 · Maestros, Sonidos · 1 comentario · Temas:

The Passenger (1975)

Michelangelo Antonioni, un italiano que operaba en el terreno de lo etéreo y se le daba muy bien eso de la hipnosis, filmó The Passenger con Jack Nicholson(en una de sus actuaciones más sutiles) en 1975. Es la historia de un hombre que adquiere una nueva identidad para finalmente ser destruído por las consecuencias de su acto. Partes de la película están filmadas en el norte de África, lugar ideal para perderse de uno mismo, como bien sabía Paul Bowles. Como siempre con Antonioni, no es tanto la historia lo que interesa, sino la forma en que el italiano construye las escenas con sus toques vaporosos, tomas larguísimas de una morosidad extraña y reveladora.

Siempre que miro una película de Antonioni me parece estar en un sueño. Un sueño de cuatro dimensiones que sucede en una pantalla plana. The Passenger a lo mejor no esté entre lo mejor de Antonioni, que tiene cumbres casi inalcanzables como El Eclipse o La Aventura, pero comparte con esas obras maestras la riqueza simbólica y pureza estética. Es una parábola sobre la otredad, el extrañamiento, el desarraigo. Otro sueño volátil con alma de pesadilla.

Septiembre 16, 2008 · Celuloide · (Comentar) · Temas: ,

“Have you ever heard of insect politics? Neither have I! Insects don’t have politics… they’re very brutal. No compassion… no compromise. We can’t trust the insect. I’d like to become the first insect politician. I’d like to, but… I’m an insect… who dreamed he was a man, and loved it. But now the dream is over, and the insect is awake.”

Seth, en The Fly de David Cronenberg

Septiembre 15, 2008 · Notas · (Comentar) ·

Más lluvia

  1. Conducir con las ventanas abiertas. Suena Come in Alone del apabullante Loveless de My Bloody Valentine. La lluvia me moja el brazo y la parte izquierda del rostro. La siento en los párpados y resbalando suavemente por mi cara. A veces me gustaría, como contaba Klaus Kinski en su acojonante autobiografía, dormirme acostado en el césped, con la lluvia pegándome en la cara. El único problema es que no me gusta mojarme el culo.
  2. Ayer: camarones en salsa de limón al estilo Key West y un mojito gigante que me ha dejado atolondrado. Restaurante repleto y bar estridente. Al final no me han importado las hordas de jóvenes gritando por un partido de béisbol que la verdad me importa un carajo.
  3. La humedad cuando camino descalzo por el piso de madera de la casa.
  4. Escucho que muchas zonas del país están inundadas.
Septiembre 13, 2008 · Notas · (Comentar) ·

En la oficina no hay mucha luz natural, pero hay un gran ventanal que da a unos árboles que, a estas alturas del año, el viento parece estar a punto de arrancar de sus raíces. Un poco más allá, la autopista ruge.

No hay mucha luz natural, digo. Por eso veo o creo haber visto a algunos mirando las cámaras en sus computadoras. Son las cámaras que dan a la calle y les indican si está lloviendo o hace sol. O eso piensan ellos.

Yo no confío en esas malditas cámaras. ¿Qué tal si alguien pone una grabación en la que siempre está lloviendo? Por eso camino hasta el ventanal y miro a los árboles agarrándose desesperadamente al piso.

Llueve.

Septiembre 12, 2008 · Notas · 1 comentario ·