Si to conozco no me acuerdo

Me intoxico. De verano. De sol. De calor. De Serge Gaingsbourg. Me intoxico de Reagge y de calipso. De la ciudad agresora. De recorrer sus calles como un maldito. De gente. de miles de cuerpos bronceados que me rodean y se acoplan a mí y yo a ellos. De divinos restaurantes escondidos en esquinas peligrosas. De mariscos que me despiertan el paladar, me abren los ojos. De caminar sin zapatos. De extrañarla, a ella. De Gaingsbourg, otra vez. De tenerla dura. De verano, me intoxico.

Julio 29, 2008 · Notas, Sonidos · 2 comentarios · Temas:

Nuevas reglas, al paso

Regla número uno: nada de imágenes. Si hemos de buscar la palabra, fracasemos o conquistemos con ella. Las imágenes son una distracción y una pérdida de tiempo. Las imágenes no aportan nada y, en mi caso, son capitulación. Las imágenes son para niñas de jardín1.

1 En mi caso, repito. Algunos de mis blogs favoritos tienen imágenes y funcionan perfecto.

Julio 27, 2008 · Notas · 1 comentario ·

Una noche en las peleas

Una batalla, anuncian. Pero a uno siempre le cuesta creer. Todo es sospechoso, cuando las apuestas son tan grandes. Pero vamos que vamos.

El ring flotando en un mar de silicona. Rubias de infarto al brazo de viejas momias. Arriba, Cotto mete miedo, cejas juntas, apretadas, parace un perro de esos que no sueltan. Margarito parece un renegado o fugitivo, brazos flacos y largos, sube al ring con la pelea perdida en la mente de casi todo el mundo, 290 a 1 para Cotto, dicen.

Y Cotto intenta justificar esas apuestas. Sale golpeando, hacia delante, sus guantes adheridos a la quijada de Margarito en los tres primeros rounds. A Margarito se le sacude la cabeza como campana. Si esto sigue así, habrá que levantar la tienda y dormirse temprano. Pero Margarito recibe y aguanta. A pesar de sus brazos como mangueras, le viene bien la pelea corta. Poco a poco le va aflojando el hígado a Cotto.

Luego del quinto se emparejan. Cotto y su orgullo herido. Margarito que se atreve a creer. En el noveno Cotto recorre borracho el cuadrante. Sin hígado y con la nariz reventada anuncia lo que nadie habría creído ayer: Cotto tiene pasaje para la lona.

Pero dura un par de rounds más. Margarito parece que le va a arrancar la nariz, Cotto se dobla y escupe. En el once, cámara lenta para Cotto, pone una rodilla en el piso y aguanta todavía el remezón. Dos finos chorros de sangre le brotan de la nariz. El referee mira a la esquina de Cotto. La gente de Cotto se resigna. Esto se termina aquí.

Una batalla. Esta noche ha valido la pena ir a las peleas. Si De la Hoya tuviera un poco de vergüenza donaría la mitad de su fortuna a estos dos gladiadores.

Me duermo pensando en la mujer y el hijo de Cotto, abrazados entre lágrimas mientras el público se levanta, rugiendo.

Julio 27, 2008 · Notas · (Comentar) ·

Salir de casa, luego de las respectivas despedidas. Encender el auto, acelerar, detener el auto. Entrar en un edificio de color indefinido. Ninguna memoria de los treinta minutos que me ha tomado el proceso.

A las cinco de la tarde, abandonar el edificio, repetir el proceso, al revés. Cinco días a la semana.

Es viernes.

Julio 25, 2008 · Memoria, Notas · (Comentar) ·

Declaración de principios

Hablemos del final, aunque sea un poco prematuro. Concibámoslo, aunque las bases del edificio no puedan ser más precarias. Aventuremos, porque lo que está aquí ahora podría no estar mañana, desaparecer como todo lo demás. Que hablar de finales sea el principio. Que la ilusión del futuro, de una aparente conclusión, nos dé un poco de aliento.

Al final, habremos proyectado cierta ilusión de temporalidad, que en verdad, todo sabemos, no existe. Los días son idénticos desde siempre, no hay diferencia, el día es un sólo día: el mismo día, desde que puedo decir y por los siglos de los siglos, etc. Los hombres han ido y venido, y se pudren eternamente en el mismo día. Algunos esperan la noche, los afortunados la conocen.

Cuando terminemos, habremos trazado el paso de una conciencia por el río de la vida. Un paso que no dejará otra huella que su propio registro, el que también será borrado sin compasión por la máquina que hace días, la que está más allá de la compasión o la saña, ilusiones de los que creen tener conciencias.

Al concluir, habremos forjado esta terminante ilusión: la ilusión de que aquí hubo alguien anotando particularidades y registrando emociones en días que quisieron ser diferentes; o de alguien, cualquiera, un iluso, que quiso marcar los días que le fueron asignados, diferenciándolos de alguna forma.

Al final, nada más que esto, luego de que la ilusión se derrumbe por su peso, sólo lo siguiente: la eterna lucha con las palabras. Por conocer y poseer las que codiciamos (¿envidiamos?), por desterrar a las otras, las detestables, las machacadoras de ilusiones, las que lo hacen todo idéntico, las malditas, las que lo pudren todo.

Al final, nada más que esto, advierto. Tal vez habrá que particularizar ilusiones, si han de sobrevivir, pero aquello ya no nos toca. Al final pensaremos una vez más en el principio y quizá, ojalá, lo haremos todo de nuevo.

Por ahora, que esto sea el inicio, un comienzo posible, entre muchos otros.

Julio 23, 2008 · Manifiestos · 2 comentarios ·

A modo de presentación

¿Para qué documentar los hechos de una vida común? En vez de enumerar los actos de un hombre, mejor tratar de registrar las ocupaciones de su conciencia, con la esperanza de que éstas sean en alguna medida menos vulgares que sus acciones.

Dibujamos la geografía de esa conciencia, medimos sus altas y bajas, nos zambullimos en sus profundidades, en los mares de dudas, grabamos las dolorosas derrotas, la general torpeza con las palabras, los raros aciertos. Trazamos las líneas tentativas de una vida interior que intenta ser menos despreciable que otras.

Sin embargo, de vez en cuando dejamos deslizar uno que otro de los hechos que, de alguna manera, conciernen a esa conciencia.

Hecho: nací en un país y hoy vivo en otro, exactamente igual pero muchas veces totalmente distinto.

Hecho: tuve una niñez mucho más alegre que otras. De lo cual me costó muchos años y encuentros con seres verdaderamente infelices darme cuenta.

Hecho: a pesar de que de niño no era demasiado atlético, alguna vez jugué fútbol. Zaguero lateral, pegador, infranqueable. Rara vez recibí una amonestación.

Hecho: fui a la escuela y fui la universidad, en cuyos oscuros pasillos aprendí a mantenerme alejado de la escuela y la universidad.

Hecho: hay una mujer, hay un niño y los tres llevamos una vida que cualquier otra familia de tres podría llevar.

Hecho: soy un buen amigo de mis amigos y, aunque no me consta, es posible que alguien siga perdiendo el sueño, creyéndose mi enemigo.

Hecho: este registro, este blog, tiene un año, un día más, un día menos. Alguna vez traté de escribir con optimismo, pero descubrí que la escritura demanda siempre un mínimo compromiso de honestidad. Ahora solamente conservo aquello que me parece cierto, sin importar si lo encuentro a la luz o a la sombra: una verdad como tantas otras, igual de valiosa o inútil. Un proyecto sin norte, un registro mínimo, una pequeña indagación.

Julio 22, 2008 · Manifiestos · (Comentar) ·

Ingrid Betancourt, el drama de una mujer

Ingrid valiente se mete a la selva, a enseñarles modales a cuatro gorilas con cara de mierda. Ingrid famélica, luego de cinco años de selva, los mosquitos se ven más gordos que ella. Ingrid liberada, sonrisa radiante, en cada ciudad, en cada esquina una fiesta. Ingrid explica, es entrevistada, los buenos del mundo hablan con su lengua. Ingrid declara, Ingrid reclama, Ingrid lidera miles de marchas. Ingrid repite, Ingrid proclama, Ingrid nos salva, Ingrid beata. Ingrid apunta, Sarkozy remata, Ingrid seduce, Ingrid me mata. En todos los idiomas Ingrid nos habla. Ingrid en la tele todas las mañanas. Que alguien se la lleve, que alguien se atreva, a devolver a Ingrid al centro de la selva.

Julio 21, 2008 · Imprecaciones · 1 comentario · Temas:

El caballero oscuro, reviú

Sábado en la noche. Nos dejamos arrastrar por la masa al teatro. Lo último del hombre murciélago. A la entrada, hordas de adolescentes en pantalones cortos, colgados de diminutos celulares. Pieles peligrosa, dolorosamente bronceadas. Rostros y trapos idénticos. Hollister, Abercrombie & Fitch, etc. ¿Soy yo o es que todos son exactamente iguales, clones rubios telefonándose hasta el cansancio? Puros personajes de Bret Easton Ellis se han dado cita a las afueras del cine.

En la pantalla, Heath Ledger se pasa la gorda lengua por los labios. Un buen chico, Ledger, que disfrute allá donde sea, presumiblemente codeándose con James Dean y River Phoenix. Luego de la primera hora me empieza a doler el culo de estar sentado. Nolan agota, pero no a punta de bostezos, como otros, lo suyo es puro vértigo. Y aunque esta Batman pierde un poco de ritmo al final, todavía nos queda energía para hablar sobre ella luego, de camino a casa. Mi compañera y yo. Las implicaciones políticas las dejamos para otro día, no nos interesan, hoy poblamos un mundo más hermético. Ella y yo. Batman está bien, dice ella; sí, digo yo.

Al llegar vemos una luna anaranjada en el cielo. La acariciamos con el dedo índice antes de cerrar las puertas de nuestro mundo, de nuevo. El pequeño nos saluda con una sonrisa. Ahora el mundo es más completo, un mundo de tres. Pensaré en la mueca macabra de Ledger, en los atroces medicamentos para el alma o tal vez en el doloroso silencio de Ennis del Mar, antes que el sueño me lleve.

Julio 21, 2008 · Celuloide · (Comentar) · Temas:

Baños/Héroes

Quien inventó los baños de estas grandes corporaciones gringas es un genio. No hay lugar que uno quiera abandonar más ligero, no hay lugar en el que uno quisiera más hacerse invisible.

Que no es un lugar cómodo, vaya. Los inodoros están divididos por cubículos plásticos que empiezan a la altura de la rodilla y alcanzan justo a cubrir el cuerpo del ocupante. Puedes darte cuenta de, por los zapatos que calza, quien entra al inodoro de al lado. Eso me ha convertido en un atento observador de zapatos. Además, al menos que estés totalmente sordo, puedes escuchar cada emanación sonora en sonido sorround y con calidad cristalina. Una pequeña orquesta en las horas pico.

La mayoría parece estar acostumbrada al sitio y hacen lo que hacen con la mayor naturalidad del mundo. Algunos hasta exhiben una amable sonrisa antes de cerrar la puerta y explotar.

Yo, al ser un tipo naturalmente pudoroso, trato de apaciguar en lo posible dichas emanaciones. A veces me doy una vuelta por el baño y, solamente si está vacío, lo que ocurre pocas veces durante el día, me atrevo a entrar y sentirme como en casa, como dicen.

Pero la paz en ese lugar es muy difícil, frágil. Nunca paso más que un par de minutos en esa apacible soledad de la caca, siempre entra alguien a ocupar el inodoro de al lado, momento en el que detengo los procesos corporales pertinentes y me resigno a reanudarlos en otra ocasión.

Lo raro es encontrarse, al salir, con alguien que no es precisamente pudoroso en sus actividades de cuarto de baño. Siempre tienen una amplia sonrisa en la boca. Me parece a mí que muy orgullosos y felices de tener sus intestinos en perfecto funcionamiento. Me miran y saludan

- Hey D., how’s the family?

Contesto entre dientes y apresuradamente me lavo las manos antes de despedirme. Siento algo de envidia de su desparpajo. Esa soltura me haría la vida más llevadera. Ellos han vencido, iba a decir silenciosamente, pero quizá sea al revés, al diseñador de baños de grandes corporaciones gringas, a pesar de su genialidad.

Héroes anónimos. Héroes de la caca.

Julio 19, 2008 · Notas · (Comentar) ·

Not to do list. Manifiesto de un hombre honrado

J. elabora, con el entusiasmo del hombre bueno y soltero, una lista de cosas que quisiera hacer antes de cumplir los cuarenta. J. tiene 35 y se me ocurre decirle que la lista debía haberla hecho hace algunos años, pero me callo y leo. La lista incluye cosas como subir a la torre Eiffel, orinarse en las pirámides de Egipto, ser padre, aprender zwahili etc. Pienso que a mí solamente se me ocurre una lista de cosas que no me gustaría hacer. Lo que me convierte en pesimista, me imagino. Luego de revisar su lista y aprobarla con un movimiento de la cabeza, redacto la mía: las cosas que no quiero hacer o volver a hacer mientras mi cuerpo me obedezca o la memoria se me termine de borrar. Aquí va, en ningún orden particular:

  1. Colgar una bandera, de cualquier país, sobre la puerta de entrada a mi casa en días festivos y no festivos.
  2. Pasarme el fin de semana envuelto en un grasoso mameluco, limpiando y puliendo el auto, para el domingo por la tarde felicitarme y sentirme buen tipo.
  3. Pasarme el fin de semana en casa, viendo los deportes, preocupado por los resultados de mi equipo, tragando litros y litros de cerveza ( y eructando como un sapo, me supongo).
  4. Tomarme en serio las putas tarjetitas de Navidad, el día del padre, del abuelo, del sobrino y del nieto. No sentir otra cosa que obligación culpable al comprarlas y enviarlas.
  5. Hablar como loro por teléfono celular; comprarme uno de aquellos aparatos que se cuelgan de la oreja y que te hacen parecer un demente o un idiota hablando solo.
  6. Obedecer todas las instrucciones y recomendaciones que encuentre a mi paso. Darle a mi hijo, por ejemplo, solamente juguetes recomendados para su edad, ni un día más, ni un día menos; desechar el resto, por precaución.
  7. Mencionar que conozco a alguien famoso, aunque sea remotamente. Tengo un primo que conoce a un amigo que se tropezó con El Puma en un aeropuerto. Tomarme una foto con alguien famoso y colgarla en una pared de la sala de mi casa.
  8. Usar una camisa polo con el cuello sin doblar, hacia arriba.
  9. Usar una gorra con el nombre de un equipo de béisbol o fútbol americano y ladearla cuidadosamente, hasta parecer un perfecto imbécil de college.
  10. Bailar salsa como un profesional sincronizado hasta el hastío, levantando la quijada y ladeando la cabeza con una mueca de seriedad mientras me paso a mi pareja por entre las piernas y la lanzo al aire para atraparla con mi dedo meñique luego de hacerla dar un doble trampolín en el aire.
  11. Dejar que se me vean los calzoncillos, aunque sean de buena marca y estén limpios, por encima del borde de los pantalones.
  12. Enseñarle a mi hijo a ser un ?ganador? y un ?líder?. Repetir mucho esas palabras, por cualquier razón.
  13. Creer que soy un poco menos despreciable que el vecino de al lado solamente porque yo sí sé que Celine Dion es una de las voces/personas más espectacularmente insufribles del Universo.
  14. Creer que las hazañas de los héroes nacionales son otra cosa que convenientes mentiras edulcoradas. Que los símbolos nacionales son otra cosa que fetiche para el mínimo común denominador. Que morir por la patria es cualquier otra cosa que el sueño más noble del imbécil.
  15. Ponerme una camisa que me apriete el pecho y los brazos y tensionar los músculos cuando aparezca una mina. (No tengo nada de músculos, para empezar).
  16. Jugar golf y tomármelo en serio. Jugar cualquier cosa y tomármela en serio.
  17. Ponerle nombre a mi auto. Usar cualquier cosa que no sea una combinación al azar de letras y números para la placa del mismo.
  18. Contar, frente a un grupo de personas, lo mucho que Dios/la Virgen/un producto/la abstinencia ha cambiado mi vida.
  19. Ser totalmente feliz.
  20. Ser totalmente infeliz.

¿Se me queda algo en el tintero?

Miro a J. revisar cuidadosamente su lista. Una sonrisa permanente dibujada en su cara. Leo mi lista antes de borrarla. Otro día en la oficina.

Julio 18, 2008 · Manifiestos · 5 comentarios ·