Si to conozco no me acuerdo

Hay ciertas palabras y frases que deberían provocar inmediatas reacciones. Si usted escucha, por ejemplo, la frase novela histórica, le recomiendo echarse a correr y tomar refugio. Si es creyente, rece; si no, conviértase. Porque la novela histórica debe ser uno de los rincones más espantosos de la literatura. Una cosa es que una novela esté salpicada de acontecimientos históricos, que esté situada en determinados coordenadas históricas; otra diferente que recree y dramatice hechos de la Historia. En el segundo caso, le puedo casi garantizar que lo que va a leer es basura.

Aclaro que no tengo nada contra la historia. Al contrario, creo que todo el mundo debería estudiarla, por lo menos para no confundirse y pensar que Groucho era hermano de Carlos Marx.

Lo que encuentro innecesario son aquellas patéticas recreaciones con títeres y notas al pie de página que se clasifican en la mencionada categoría. Si le interesa aprender sobre la historia, hágase de un libro de Historia, viaje, visite museos, vea documentales, hable con gente vieja, etc.

(Novela histórica. Y ¿dónde están, digo yo, la novela geográfica, la novela química, la novela matemática? ¿La de dibujo técnico?)

Todo esto a propósito de… Ah sí, La Vida Vida Breve y Maravillosa de Oscar Wao(The Brief and Wondrous Life of Oscar Wao), de Junot Díaz que hace dos años tuvo la suerte -nunca más apropiada la palabra suerte-, de ganar el premio Pullitzer.

La cual por cierto, no es, gracias a Dios, una novela histórica propiamente dicha, pero sí se encuentra salpicada de detalles históricos y odiosas notas al pie de página llenas de explicaciones históricas sobre la dictadura de Leonidas Trujillo. Debo decir que sin dichos detalles la novela me hubiera resultado de lectura mucho más fácil. Después de todo, el lenguaje que Díaz es, por lo menos, novedoso, lleno de términos callejeros y Spanglish que, por esta vez – y allí uno de sus mayores méritos-, no me ha parecido una aberración.

Este lenguaje callejero es el verdadero personaje principal de la novela. También está, por supuesto, Oscar Wao, un ñoño adolescente dominicano, patético como todo adolescente y tan solo como cada uno de nosotros en una u otra etapa de la vida. Oscar y su familia sufren el trauma de adaptarse a su nuevo país, son supersticiosos y pueden llegar a ser terribles el uno con el otro. Oscar se refugia en diversos intereses que a la mayoría de chicos les resultan extraños. La familia alterna entre la vida en Nueva Jersey y en la República Dominicana.

En medio de todo están los detalles históricos, la explicaciones sobre maldiciones caribeñas que me han hecho perder casi todo el interés creado en los primeros capítulos. A la novela la ha matado la intención de su autor de conectar la tragedia de Wao con las circunstancias históricas de su país de origen. Lo cal me ha parecido un despropósito mayor tratándose ésta de una ficción. Si esto es una ficción ¿por qué no inventarse, también, el contexto histórico?

Me he perdido entre tanto detalle sobre dictaduras y brujería, yo lo que quería era leer sobre el geek dominicano.

En resumen, a ver si la próxima aprovechas mejor ese lenguaje tan sabroso, Junot. A lo mejor ayuda que te olvides, totalmente, de la Historia y que regreses a la historia. En fin.

Por último, ahora sí, entre todos, en coro, unidos somos más, el pueblo unido, etc:

¡Muerte a la novela histórica!

Enero 21, 2010 · Notas · (Comentar) · Temas: ,