-Imagina que se gastaron miles de dólares para lograr que una casa sólida pareciese una ruina –dijo Lawrence-. Imagina la actitud mental que eso implica. Imagina que el deseo de vivir en el pasado es tan intenso que uno paga a los carpinteros para desfigurar la puerta principal. – Entonces recordé la sensibilidad de Lawrence al decurso del tiempo y sus sentimientos y opiniones acerca de nuestras reacciones ante el pasado. Años antes yo le había oído decir que nosotros, nuestros amigos y el grupo social al que pertenecíamos, como nos sentíamos incapaces de afrontar los problemas del presente, lo mismo que un adulto deformado volvíamos los ojos hacia lo que creíamos había sido una época más feliz y más sencilla, y que nuestra propensión a la reconstrucción y a la luz de las velas era una demostración de este fracaso irremediable.
John Cheever — Adiós, hermano mío
La gente amuebla sus apartamentos en un estilo antiguo, rodeándose con muebles de hace siglos, muebles de una época que no les concierne y esto los hace culpables de cierta forma de mendacidad, pensé. Al ser demasiado débiles como para sobrellevar su propia época, se puede decir, necesitan, para poder mantenerse a flote, rodearse de muebles de una época pasada, una época muerta y terminada, pensé. Es realmente una señal de horrorosa debilidad, pensé, cuando la gente llena sus apartamentos de muebles que pertenecen a épocas pasadas en vez de la suya, cuya dureza y brutalidad no son capaces de resistir. Lo que hacen, me parece, es rodearse de la suavidad del pasado muerto que no les puede responder.
Thomas Bernhard — Tala