Cinco para resistir un nuevo invierno

  1. Victoria de los Ángeles en Carmen de Bizet. Lo había escuchado con otras sopranos, pero Victoria es la más natural, con el mejor sentido del ritmo y mayor voluptuosidad. Bizet murió a los treinta y seis años, sin saber que esta Carmen tendría tanto éxito. Uno se lo imagina en el paraíso, escuchando a de los Ángeles.
  2. Pan, la segunda novela de Knut Hamsun. Hambre me había parecido un poco irritante y repetitiva, pero el lenguaje de Hamsun adquiere nuevas tonalidades al describir la naturaleza. Thomas Glahn, cazador, vive en una cabaña en un bosque cerca de la costa nórdica. El hombre como dueño y señor de la naturaleza, un pequeño dios que le pone nombre a todo. Glahn se enamora de Eduarda, una joven frívola que acaba rechazándolo. Lo mejor son las descripciones de Hamsun, registrando el cambio de estaciones, de los colores, de la luz. Este jovencito Hamsun promete mucho.
  3. El cuento The Briefcase de Rebecca Makkai. Rebecca cuenta como, mientras escribía este cuento, estaba leyendo a Gogol y Chejov. La influencia rusa se nota en esta historia de un prisionero que asume la identidad de un profesor de física para escapar a sus captores. Gran tensión, la transformación del personaje del prisionero cuando empieza a pensar en las leyes de la física, hacen de este una muestra perfecta del cuento corto, género con el cual no me había emocionado desde hacía años.
  4. Moon, de Duncan Jones(hijo del desconocido David Bowie), en que el astronauta Sam Bell espera se regreso a la tierra luego de tres años de trabajo solitario solamente para descubrir que es un clon de sí mismo, creado con el objetivo de llevar a cabo una misión por toda la eternidad. Las secuencias del astronauta hablando con el resto de clones consiguen ese efecto onírico de las mejores obras de la ciencia ficción. Este astronauta perdido en medio del frío de un planeta lejano termina hablando consigo mismo; yo encerrado bajos las nieves de un país lejano, ¿con quién más voy a hablar si no conmigo mismo?
  5. Los mariscos al estilo tandoori. Dicen que los persas llevaron el tandoor, una especie de horno cónico de arcilla, a la India. Allí los hindúes lo llenaron de mística, o sea de especias y aromas y color. El pan plano que se cocina en estos hornos adquiere una consistencia crujiente por fuera y suave, esponjosa por dentro. Afuera la nieve se acumula y se seca y se convierte en hielo y finalmente se derrite, debajo crecen las primeras hojas de la primavera.

Frank: Do you know who Marcel Proust is?
Dwayne: He’s the guy you teach.
Frank: Yeah. French writer. Total loser. Never had a real job. Unrequited love affairs. Gay. Spent 20 years writing a book almost no one reads. But he’s also probably the greatest writer since Shakespeare. Anyway, he uh… he gets down to the end of his life, and he looks back and decides that all those years he suffered, Those were the best years of his life, ’cause they made him who he was. All those years he was happy? You know, total waste. Didn’t learn a thing. So, if you sleep until you’re 18… Ah, think of the suffering you’re gonna miss. I mean high school? High school-those are your prime suffering years. You don’t get better suffering than that.

Guión de Little Miss Sunshine, 2006

Hay ciertas palabras y frases que deberían provocar inmediatas reacciones. Si usted escucha, por ejemplo, la frase novela histórica, le recomiendo echarse a correr y tomar refugio. Si es creyente, rece; si no, conviértase. Porque la novela histórica debe ser uno de los rincones más espantosos de la literatura. Una cosa es que una novela esté salpicada de acontecimientos históricos, que esté situada en determinados coordenadas históricas; otra diferente que recree y dramatice hechos de la Historia. En el segundo caso, le puedo casi garantizar que lo que va a leer es basura.

Aclaro que no tengo nada contra la historia. Al contrario, creo que todo el mundo debería estudiarla, por lo menos para no confundirse y pensar que Groucho era hermano de Carlos Marx.

Lo que encuentro innecesario son aquellas patéticas recreaciones con títeres y notas al pie de página que se clasifican en la mencionada categoría. Si le interesa aprender sobre la historia, hágase de un libro de Historia, viaje, visite museos, vea documentales, hable con gente vieja, etc.

(Novela histórica. Y ¿dónde están, digo yo, la novela geográfica, la novela química, la novela matemática? ¿La de dibujo técnico?)

Todo esto a propósito de… Ah sí, La Vida Vida Breve y Maravillosa de Oscar Wao(The Brief and Wondrous Life of Oscar Wao), de Junot Díaz que hace dos años tuvo la suerte -nunca más apropiada la palabra suerte-, de ganar el premio Pullitzer.

La cual por cierto, no es, gracias a Dios, una novela histórica propiamente dicha, pero sí se encuentra salpicada de detalles históricos y odiosas notas al pie de página llenas de explicaciones históricas sobre la dictadura de Leonidas Trujillo. Debo decir que sin dichos detalles la novela me hubiera resultado de lectura mucho más fácil. Después de todo, el lenguaje que Díaz es, por lo menos, novedoso, lleno de términos callejeros y Spanglish que, por esta vez – y allí uno de sus mayores méritos-, no me ha parecido una aberración.

Este lenguaje callejero es el verdadero personaje principal de la novela. También está, por supuesto, Oscar Wao, un ñoño adolescente dominicano, patético como todo adolescente y tan solo como cada uno de nosotros en una u otra etapa de la vida. Oscar y su familia sufren el trauma de adaptarse a su nuevo país, son supersticiosos y pueden llegar a ser terribles el uno con el otro. Oscar se refugia en diversos intereses que a la mayoría de chicos les resultan extraños. La familia alterna entre la vida en Nueva Jersey y en la República Dominicana.

En medio de todo están los detalles históricos, la explicaciones sobre maldiciones caribeñas que me han hecho perder casi todo el interés creado en los primeros capítulos. A la novela la ha matado la intención de su autor de conectar la tragedia de Wao con las circunstancias históricas de su país de origen. Lo cal me ha parecido un despropósito mayor tratándose ésta de una ficción. Si esto es una ficción ¿por qué no inventarse, también, el contexto histórico?

Me he perdido entre tanto detalle sobre dictaduras y brujería, yo lo que quería era leer sobre el geek dominicano.

En resumen, a ver si la próxima aprovechas mejor ese lenguaje tan sabroso, Junot. A lo mejor ayuda que te olvides, totalmente, de la Historia y que regreses a la historia. En fin.

Por último, ahora sí, entre todos, en coro, unidos somos más, el pueblo unido, etc:

¡Muerte a la novela histórica!

La tercera señal del hijoputa es la cara pálida, ¿como los muertos?, sí, o como Fabián Minguela.

Camilo José CelaMazurca para dos muertos

Necesitamos más gente como Iván Thays.

Como todo el mundo sabe, Iván Thays es un subnormal. Sin embargo, afirmo que la blogósfera necesita más gente como él. Porque hay que reconocerle al tipo el vasto talento para copiar y pegar noticias literarias. Pocas se le escapan, a Iván. Además si usted tiene, como yo, la urgente necesidad de saber qué pelagato ganó el premio literario Antón Pirulero este año, no tiene más que dirigirse a la página del susodicho y ¡zas! lo encuentra en primera plana. Junto con el respectivo chupado de medias, un ingrediente que nunca debe faltar y que, de hecho, nunca falta, pues Thays jamás dejó de chuparle las medias a alguien que le podría hacer un favor. Tipo inteligente, a pesar de, como dije, subnormal.

Me mueve una profunda envidia, lo confieso. Reconozco que a mi sitio no lo visitan ni almas en pena. Diablos, ni siquiera yo lo visito. A lo mucho recibo un par de insultos de vez en cuando, ay de mí.Y quienes me visitan lo hacen por equivocación, las más de las veces, luego de escribir una frase del tipo “chullita quiteña follada” o algo por el estilo, en sus oráculos virtuales. El blog de Iván, en cambio, es parada obligatoria para todo el que quiera empaparse de noticias literarias. A Andrés Neumann se le cayó la baba en Chile. A Jorge Volpi, luego de deshacerse de sus horrosos sacos, le creció la melena y le salieron pectorales. Jaime Bayly besó a un guapo presentador de noticias y se convirtió en príncipe azul. Vargas Llosa se tiró un pedo en Caracas. Y mató cien vacas. Etc. Todo el mundo sabe que es imposible vivir sin noticas de la farándula literaria. Son el equivalente a las andanzas sexuales de las celebridades.

El misterio claro está, es qué piensa Thays, si es que alguna vez se le ocurre hacerlo. Porque su bló, a pesar de estar lleno de todas esas interesantes noticias, pocas veces nos presenta la opinión del autor. Excepto, por supuesto, para recalcar cuánto él adora a sus amiguitos. Especialmente aquellos que son jueces de certámenes literarios. Pero cada quien con sus preferencias sexuales.

El caso es que Thays siempre se reserva su opinión para sí mismo. ¿Será que no piensa? Me pregunto a veces. Luego reflexiono. No, no es que no piense. A lo mejor lo hace, quién sabe.O no, en el mejor de los casos. La cuestión es que a nadie le importan las opiniones de un subnormal como Thays. O como usted. O como yo. Y en ello, en darse cuenta de aquel hecho, reside el genio de Iván Thays.

Por ello es que necesitamos más Thayses y, seamos honestos, muchos menos tipos como usted.

David Foster Wallace me deja siempre la misma impresión: un escritor, al menos en sus artículos periodísticos, con insoportables pretensiones de superioridad moral.

Hoy leo un artículo de Katie Roipe sobre el ataque de Wallace a la visión sexual de sus predecesores literarios.

…Wallace goes on to attack Updike and, in passing, Roth and Mailer for being narcissists. But does this mean that the new generation of novelists is not narcissistic? I would suspect, narcissism being about as common among male novelists as brown eyes in the general public, that it does not. It means that we are simply witnessing the flowering of a new narcissism: boys too busy gazing at themselves in the mirror to think much about girls, boys lost in the beautiful vanity of “I was warm and wanted her to be warm,” or the noble purity of being just a tiny bit repelled by the crude advances of the desiring world.

El apocamiento del posmoderno revela cierto puritanismo, sugiere Roipe. No podría estar más de acuerdo. Hay cierta voluntad de domesticar y suprimir las energías más oscuras de la creación, como si el arte debiera mostrarnos solamente el lado luminoso de las cosas.

Finalmente anota Roipe en su artículo:

Compared with the new purity, the self-conscious paralysis, the self-regarding ambivalence, Updike’s notion of sex as an “imaginative quest” has a certain vanished grandeur. The fluidity of Updike’s Tarbox, with its boozy volleyball games and adulterous couples copulating al fresco, has disappeared into the Starbucks lattes and minivans of our current suburbs, and our towns and cities are more solid, our marriages safer; we have landed upon a more conservative time. Why, then, should we be bothered by our literary lions’ continuing obsession with sex? Why should it threaten our insistent modern cynicism, our stern belief that sex is no cure for what David Foster Wallace called “ontological despair”? Why don’t we look at these older writers, who want to defeat death with sex, with the same fondness as we do the inventors of the first, failed airplanes, who stood on the tarmac with their unwieldy, impossible machines, and looked up at the sky?

Si he de tomar partido por alguien, me quedo con la energía y la turbulencia de Roth, de Mailer, de Updike. Que es los mismo que decir, me quedo con la inagotable energía de Bret Easton Ellis, de Bellow, de Faulkner.

Me pregunto de que será síntoma el hecho de que los hijos sean más conservadores que sus mayores. ¿Hasta donde alcanza la fuerza hasta agotar el músculo y encogerse en una mueca avergonzada? ¿Será la timidez y flaccidez el signo de los (nuevos) tiempos?

Tantas preguntas al final de otro año postmoderno.

Modales refinados

El advenedizo había tratado de adquirir modales aristocráticos pero metía la pata en la forma grotesca en que manipulaba su tenedor y cuchillo. Siempre había sido ridícula su forma de comer, pensé sentado en la butaca, de la misma manera en que todo lo que hacía se había vuelto cada vez más ridículo con el paso de los años, justamente debido a que, con los años, había tratado de refinar sus modales cada vez más, es decir, había tratado de refinarse, de aplicar lo que había copiado de los modales aristocráticos a todo, y aquello lo hacía no sólo cada vez más grotesco y más cómico con el paso de los años sino cada vez más repulsivo, pensé sentado en la butaca.

Thomas BernhardTala

Man of the Year.

Al señor italiano que con una luminosa estatuilla le hizo cirugía facial a Berlusconi: gracias por hacer de éste un mundo más tolerable. Paz dondequiera que se encuentre.

Empanadas de carne de cangrejo con salsa de arándanos. Los camarones asomando entre la espesa crema de coco. La nieve golpeando las ventanas y los techos con un sonido que podemos escuchar pues el mundo se ha callado desde hace algunos días. No escribo aquí pues he estado demasiado ocupado en ser feliz. Pido las debidas disculpas. También he estado a punto de morir, que es lo más cercano a lo otro, la felicidad duradera.

Miro estas semanas colocándome algunos años en uno de los posibles futuros. Que no se termine la inocencia de estos días. Que algo permanezca. Que algo sobreviva de estas horas. Que no todo se termine. Que la destrucción no sea completa.

Con la llegada de las primeras tormentas de nieve vuelven las mismas promesas de todos los inviernos. Nos vamos este año. Este año sí nos vamos. De este año no pasará. El sur nos espera. Frases de aquellas que uno se repite para consolarse de un padecimiento permanente. Uno de estos días iré al médico. Uno de estos días le parto la cara al jefe. Uno de estos días escribiré mi novela. Uno de estos días le declararé mi amor a esa amiga que me mira como su hermano. Uno de estos días. Frases que encierran promesas que su autor sabe de antemano no se han de cumplir.

Tengo un amigo que suele contar lo que le pasó por la mente en un determinado momento como si hubiera en realidad ocurrido. Debería conocerlo ya, pero siempre me sorprende, tal vez porque tener siempre presente la duda en todo lo que relata me da una infinita pereza.

− …Y entonces le dije que se fuera a la mierda.
− ¿Y él que te dijo?
− Nada… En realidad no le dije que se vaya a la mierda, sólo lo pensé.
− Ah.

Aún así me suele sorprender. Me imagino de la misma manera se engaña uno mismo uno, debido al esfuerzo que requiere recordar que muchas cosas, por más cercanas que estén a nuestros deseos, se dicen sólo por decirse.

Esta mañana, antes de salir de casa, envueltos en la vestimenta contra el frío, (yo la bufanda azul con rayas grises y J. la de estampado escocés), al sorprendernos repitiendo de nuevo las frases de cada principio de invierno, nos hemos mirado y reído antes de despedirnos y tomar el camino de siempre, hoy completamente cubierto de nieve.